Cosechas inevitables
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Fueron los padres colmados de alegría cuando miraron a su niña de 5 años hablar un día con su perro: "Te vamos a llevar al médico, pero solo te van a dar unos remedios. Si te ponen una inyección, no llores porque yo voy a estar contigo. Solo será un ratico y luego vendrás nuevamente a casa. Si lloras, no voy a salir más contigo, advertido", sentenció la niña ante la mirada perpleja de sus padres que casi lloran al reafirmar la madurez de la niña.
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Un día la madre se enteró de la muerte de su padre ya viejo y sin poder contenerse, largó el llanto. Nunca en su vida había sentido dolor tan grande por lo que sintió que moría de la tristeza. En eso llegó Marianita al cuarto y la miró tirada en el piso con algo de extrañeza.
_Qué tienes, madre, por qué lloras
_Ay, hija, se murió tu abuelito, mi papá acaba de morir -dijo la mujer extendiendo la mano para asir a la niña.
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En ese instante, por primera vez, la madre vio que la niña miraba desde arriba, soberbia e inmutable y quedó fría cuando la voz de su hija de 5 años dijo:
_Deja de llorar, madre, levántate, mañana vamos a la tienda y te compramos otro.