Como si fuera domingo
_Hoy es sábado, madre -dijo la mujer mientras leía un libro.
La anciana suspiró y miró a través del vidrio. Las calles estaban desoladas y sin niños. Los árboles quietos, soledad en los edificios, el cielo despejado sin los pájaros buscando cómo hacer nido.
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La anciana recordó que en otrora los sábados eran perfectos para el paseo de los niños, quienes salían a jugar y a pegar brincos. La algarabía se expandía por todos los recintos y en la plaza se reunían a charlar y festejar algunos de los vecinos. No faltaba la música, los pasapalos, la bebida y el bullicio. Que mañana voy a hacer sopa y le llevo un poquito, que esta matica es buena pa' esos dolorcitos, intercambiaban afectuosamente algunos de los vecinos.
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Pero desde hace años, ya nada es lo mismo -piensa la anciana mientras hace un suspiro. Las casas están solas, la gente se ha ido, se fueron lejos sin haber querido. Ya no hay jóvenes, tampoco niños, el que se ha quedado es porque irse no ha podido y los que se fueron no volverán porque más que recordar lo bueno, recuerdan lo que han sufrido.
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La anciana mira cómo llega la noche y solo hay oscuridad sin brillo. Siente nostalgia, tristeza y pesimismo. Así como si no hubiese escuchado, vuelve a preguntar lo mismo:
_¿Qué día es hoy, Anastasia?
_Es sábado, madre, ya te he dicho.
_¡Qué broma, Anastasia! Desde hace años en este país los días tienen la pesadez y la tristeza de los domingos.