Agazapado
****
Afuera, la gente sin remordimiento es sorda al dolor del otro. Un gran silencio hay a pesar de los ecos de angustia que cada quién va pregonando y que se expanden sin encontrar un cuerpo estremecido, despierto que los escuche. Afuera, el mundo ha encontrado la mejor forma de traicionar el alma, de lavar la culpa, guardando los ojos en un bolsillo, vistiéndose con capas de piel que ocultan el gran vacío.
****
Adentro, el hombre camina y no sabe que la vida es un gatillo, un alambre, una amenaza. Los ojos acostumbrados a la oscuridad, no son conscientes de las sombras azotadas, del tiempo transcurrido. El hombre está extraviado en sí mismo, tiene una mente de niño en piel envejecida, una nebulosa, una telaraña: vive en un terreno ajeno a la realidad. El hombre se detiene y se agacha; del piso agarra una hormiga y se la lleva a la boca, luego otra y otra más. Agazapado, el hombre sigue espulgando el suelo, su piel, su cabeza, su cuello. Luego de comer lo que encuentra, se ríe con su cara hacia el techo y su cuerpo se pone al lado del cuerpo inerte y frío de la persona que por mucho tiempo fue su única compañía: su mamá. Agazapado así, es como si el hombre intuyera que se queda solo y busca, inconscientemente, volver a su estado fetal.