-Si ya estás harta de carne hoy probarás mi exquisito curry de pescado- continuó Raúl con su recién adquirido entusiasmo. Me acomodé en el taburete mientras contemplaba embelesada cómo se desenvolvía con soltura entre pucheros y fogones. Era una delicia verle cocinar. La cocina resultó ser más que una afición, fue su válvula de escape para superar sus adicciones. Siempre me dice que soy su inspiración, que adora cocinar para mí. Y yo le adoro a él. Por eso me aterra pensar qué pasaría si descubriese porqué voy siempre al lavabo justo después de comer.