"Las calles vestían gris nostalgia, en todas partes un grito ausente, alude la brillantez y llama al ocaso en el lienzo de una despedida. Con el tenue de un ser perdido, ahogado, disuelto en los colores de su profunda tristeza..."
¿Qué lo llevó a acabar con él?, poner fin a ese capítulo de su vida. Obligado a dirimir el pecado del habitante interior que causaba angustia y dolor a su existir, como si fuera su fatal enemigo.
Con ojos lágrimos, un tanto cerrados, no se dejaba ver, los enjugaba con una mano, con la otra hacía estragos. Su puño de tensión, golpeaba sin parar la corteza de un árbol, hasta lacerarlo.
Era la criatura enjaulada castigándolo, aquellos pensamientos, cada tarde, le hacían caer en depresión invadiéndole un incontrolable deseo de partir, acabar con el peso que llevaba en hombros durante tantos años.
Lo encontré auto flagelándose en un rincón, diciendo; ¡Esta sangre no es mi sangre!, ¡Abandonaré el cuerpo algún día!, algún día, cuando nadie me mire. Lo dejaré tirado en alguna parte y ya me habré ido, seré por fin libre, por primera vez, dejaré estos colores malditos que me tiñen…
”Cuando era niño, al despertar, dando una carrera, atravesaba el campo gramíneo y las plantaciones. Iba corriendo desde su casa, con los botines desamarrados, ansioso, desesperado, solo pensaba en llegar a la escuela. Se destacó en artes plásticas y letras, llegó a dibujar en la pared de su recámara la figura de un niño, con uniforme, una mochila en la espalda y un arcoíris sobre los campos de fresas.”
¡Así, veía el mundo!, así se abrían las ventanas de su mente dejando entrar la luz de su primavera. Pero a su regreso, ya no era igual, esa alegría desmesurada de la mañana, luego al caer la tarde, se transformaba en profunda tristeza.
La armonía de sus tareas cambiaba de forma drástica, escribía frases oscuras con extrañas letras, letras con tachaduras, a pie de página. Pequeñísimos dibujos, iconos nemotécnicos, eran símbolos, arraigados a su cuaderno, convirtiéndole en un asco. Como si su mente se atascara y diera paso a otro ser, otro diferente, otro que mantenía el oculto secreto, significado de un arte oscuro que buscaba fluir sin remedio.
Al principio, con los frascos de tempera, terminaba cubierto de pies a cabeza, decía que él era un dibujo rodeado de ojos en una acuarela, se cubría con letras que hablaban por él en un lenguaje intraducible, pero lúcido para su comprensión. Luego experimentó con óleo, alcanzando tonos pardos, característicos, donde un brillo plomizo revestía sus cuadros, frescos extraños, como si huyeran de la luz, en la mente de un artista innato de la naturaleza muerta y los retratos bizarros.
"Un día, tomó su tiempo, quedándose afuera en los patios durante toda la noche. A la siguiente mañana, fue real sorpresa para sus padres, cuando él se había dedicado, minuciosamente, a pintar cada hoja y cada fruto de color negro, haciendo del campo de fresas una cruel atmósfera de espanto... Él negó haberlo hecho, dijo que habría sido otro, pero de igual modo, según él, esos eran los verdaderos colores de aquél campo"
Al crecer, luego de la secundaria, fue contratado por una empresa gráfica de paisajismo. Gracias a su don para el dibujo, se encargaba de hacer gigantografías en murales y pórticos a entradas de la ciudad. Escribía mensajes de bienvenida, emblemas para los visitantes, los cuales atraídos por su arte, bajaban de sus autos a admirar al detalle la belleza de su obra.
"Así fue, que lo conocí, parado al borde del río en una de las entradas a su pueblo natal. Estaba apoyado en una roca, vaciando las latas de pintura en el caudal. Arrojaba una tras otra, como tratando de lograr una mezcla perfecta, al tiempo que hacía símbolos en su propio cuerpo, con un pincel. Los mismos símbolos que durante su infancia le acompañaron a la escuela, los mismos deformados símbolos que nunca nadie pudo entender."
Con esas imágenes incomprensibles en la piel, antagonismos de su creación, me habló:
_ ¡Yo, seré el lienzo de esta ciudad!, este río se llevará mi sombra y no quedará nada de mí, más que el lóbrego atardecer de un pintor.
Me acerqué más a él, para extenderle mi mano, pues sabía, que estaba frente al reconocido autor:
_ ¿Qué haces?, acaso trabajas en una especie de técnica de diseño corporal, o solo has ensuciado de pintura tu cuerpo…
Respondió:
_ Hoy trabajaré toda la noche, porque este atardecer se ha llevado mi alma y son éstos los colores de despedida, para un artista que se irá con el amanecer.
Luego de haber convertido su piel en un abstracto con formas ilegibles, producto de su mente distorsionada, formas que solo tenían significado para él. Se fue, con un aspecto de arte viviente, íntegra fue su depresión y se arrastró a dormir bajo el puente, en un rincón al ras del suelo.
"Y fue la mañana, el sorprendente hallazgo de todo el pueblo. Parecían haberse teñido en sombras las veredas, las calles, los muros y las paredes de los templos. Una ciudad gris, entristecida, despertó entre emplomados colores de misterio. Todo fue cubierto por el matiz lóbrego apuntando al firmamento. Un cielo que fue asombro, el arte oscuro de un pintor prisionero, ahora libre por primera vez, fue lienzo de dolor en su último fresco. Fue la arcilla de un cuerpo olvidado, su sangre, óleo, corriendo por el suelo…"
"¡Esta sangre, no es mi sangre, abandonaré todo cuando nadie me mire…!
¡Tal como lo dijo, alguna vez!, La historia de un hombre y su melancolía, es parecida a un triste ocaso gris...
FIN
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