Te conozco
como las estrellas a la noche.
Cada una de tus preguntas son respondidas
por mi mente antes que llegues a hablar.
Tus faltas antes de cometerlas
las he podido perdonar
y es que tus silencios
son palabras para estos oídos
que hace tanto junto a ti están.
Te conozco
como la arena al desierto
y es que el camino que tus pasos han de llevar
son construidos por estos brazos
que acobijan tu alma
desde que estamos en esta humanidad.
Cada uno de tus defectos y virtudes
son flores con espinas
amadas por mí.
Cada una de tus batallas
son seguidas por mi espada
y a pesar que tu camino
le pertenece a mi destino
me encanta dejarme sorprender
por este amor de los dos
que se esconde entre los nuevos colores
de un arcoiris tan antiguo y largo
como la misma eternidad.