Había una vez un hombre que había sido condenado a muerte por estafador y se encontraba esperando el castigo cuando el rey pasó por allí y le dijo.
-Sabes que tu pena es la muerte.
El hombre respondió
-Si
-Y no sientes que pasarás por esto por lo que has hecho.
Y el hombre dijo
-Lo único que siento es que no pude enseñar a mi perro a hablar
-¿Cómo es eso? –Preguntó el rey
Y el hombre le respondió
-Yo soy un gran mago y estaba enseñando a mi perro a hablar cuando me atraparon, lamentablemente como ahora voy a morir mi perro no va a poder hablar.
-¿Y eres capaza de hacer al perro hablar? –le preguntó el rey.
Y el hombre dijo:
-Claro, en un tiempo adecuado y con la alimentación suficiente del perro y de mi persona, claro que puedo hacer que el perro hable.
-¿En qué tiempo harías que el perro hablara? –le preguntó el rey y el hombre respondió
-Deme dos años y alimento suficiente para el perro y para mí y yo le juro que el perro hablará.
El rey comenzó a pensar y pensar y finalmente le dijo.
-Está bien, vamos a hacer algo, te voy a dar dos años y la alimentación suficiente para el perro y para ti y en dos años me traerás el perro hablando y si no habla te llevo a la muerte.
-Está bien.
Así el hombre regresó a su casa y al verlo su esposa se sorprendió y le dijo.
-¿Cómo es posible que estés aquí?. ¿Te perdonó el rey?
-No, el rey yo hicimos un trato, me dará alimento por dos años para el perro y para mí y yo enseñaré al perro a hablar y si este lo hace me perdona la vida y yo acepté
-¿Pero tu eres loco? ¿Cómo vas a enseñar a ese perro a hablar?