Subestimé mis sentimientos que no te extrañaría, que pasarías por mi vida, sin dejar la huella que has dejado. .
Pensé que podría recostarme en mi lecho sin tu perceptible presencia. .
Pero ahora experimento el vacío que tu ausencia me produce.
Recuerdo cada mañana que tú algarabía de cálidos jugueteo me reencontraba con mi niñez. .
Hoy al encontrarme en el umbral de la puerta y no escuchar tus gemidos y mi nunca indiferencia, me enfrento a tu ausencia física, a tus desvanes primitivos de un ser que nunca exigía nada a cambio y sin embargo lo daba todo, quien muchas veces consoló mi soledad. .
En este momento siento la inmensa necesidad de tu desinteresado cariño y miro al instante a escasas horas de tu partida y me pregunto: ¿cuántos días pasarán en mi para llegar a mi hogar sin sentir la necesidad de obtener respuestas a mi silbido y compartir contigo la alegría que mi oídos producían el dulce sonar de tus ladridos? .