Sosteniendo al Silencio

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Existe una conversación en la que siempre me grito a mí mismo y la callo ante los demás. Es algo de lo que no hablo con nadie, por eso todos lo ignoran. ¿Cómo pueden enterarse si luzco normal? Sucede que sonrío coloridamente para disimular todo lo gris.

Son muchas las preguntas, tantas las súplicas, hay excesos de reclamos; los improperios suscritos en mi pálida cara de tranquilidad, son contundentes... He tomado de rehén a una entrecortada afonía.

No obstante, el ruido siempre irrumpe siendo abismal internamente. Afuera, en cambio, estoy callado. El rostro no me delata. No se me nota. Hay personas que me tildan de alegre.

Cuando hay sonrisas, ninguno es capaz de escuchar las mentes llenas de agobio. Como elijo ser mudo, nadie sospecha lo que mi tranquilidad, mi voz proyectada, o mi prefabricada normalidad, esconden.

Pocos saben leer las miradas que, detenidas y extraviadas en cualquier infinito al que apunto, le dedico exclusivamente a ese silencio. Incluso, puedo verte a los ojos de frente y el histrionismo me haría ver tan común.

Casi no es visible la tormenta que llevo por dentro. Y cuando el desierto me seca, mi espejo guarda bien el secreto. Lo peor es saber que otros, viendo aquella calma seducida y fingida en mis gestos, pretenden ser como yo, o anhelan tener mi vida.

Sólo me tengo a mí mismo, sin embargo, sostengo un misterioso diálogo con aquello que deseo sanar. Le hablo, le canto, le bailo, le interrogo y le grito, pero ningún tono de voz puede quitarme lo minusválido que termino cuando abro y cierro los ojos.

En reiteradas ocasiones, no tengo días. De pronto, solo hay noche y oscuridad. No se nota que, por más soles y lunas que viajen dentro del reloj de arena, son exiguos los bellos atardeceres.

¿Acaso, no lo ves? Estamos solos... mas en verdad somos muchos los que seguimos acompañados sosteniendo al silencio.

Sin darnos cuenta, y conscientes de que no se nos nota, tenemos en las voluntades el remedio para sanar, si contáramos a otro, con voz baja, lo que callamos.

Néctar de afonía para las buenas personas. A voz viva, tal vez, aliviemos cada penumbra. Terceros oídos pueden bajarle el ruido al desconsuelo... espero que se den cuenta.

Las Fotos son de mi Autoría.

Derechos Reservados
Nikon D5200 | Lente 35 mm
Modelo: Rashell
Mi Instagram: @miguelmederico

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