Los espíritus de la naturaleza o elementales son creadores -como su nombre lo indica. De todas las formas bellas que existen en la naturaleza. Su tarea es sumamente especializada y por ello hay elementales de la tierra, del fuego, del agua y del aire. En este orden se les llama gnomos o duendes, salamandras, ondinas y silfos. A las nereidas les justa juguetear en la espuma o cabalgan sobre los escollos.
Únicamente los espíritus virtuosos o los inocentes, como los de los niños, pueden verlos. A los demás seres humanos les temen. Y sólo los adeptos (quienes aspiran a la perfección) y los magos, pueden solicitar su auxilio para realizar sus labores.
Las hadas viven generalmente en la superficie de la Tierra, aunque con su cuerpo etéreo pueden atravesar a voluntad la corteza terrestre.
Debido a la vida urbana pocas veces podemos asombrarnos de sus obra, pues los espíritus de la naturaleza requieren de los parajes de los bosques, de las montañas y de la altamar para vivir. Las hadas de agua dulce son una especie muy bella que habita en las aguas interiores, donde el ser humano no ha imposibilitado su existencia con contaminantes.
Los elementales fueron creados por el Logos (capacidad creativa de Dios) y sus cuerpos están constituidos por materia etérea. Y deben vivir sucesivas veces hasta llegar a la perfección de los ángeles. Es así que los espíritus de la tierra inician su evolución perteneciendo al reino mineral y luego pasan al vegetal en forma de algas, corales y esponjas.
Después se convierten en gnomos y en ocasiones forman parte de las capas inferiores del mundo animal como bacterias u otros animalucos, para luego ser reptiles, aves ... hasta llegar a ser hadas, las cuales tienen muchas y variadas figuras, las más comunes son las diminutas con forma humana.
También poseen colores propios que distinguen una especie de otras. Cada raza mora en distinto país y a veces en diferente regiones de una misma nación:
En las cumbres de sus imponentes montañas, las hadas verdes custodias los centros de energía que enlazan el pasado con el futuro. Son más grandes que los hombres.
El hada aparece completamente formada en el mundo. Vive poco o mucho sin envejecer o sentir fatiga. Cuando muere su cuerpo se vuelve más diáfano, hasta convertirse en una entidad astral que vive algún tiempo en la Tierra.
Después vuelve a su alma grupal hasta que se despierte en ella el deseo de separación o de individualidad. En tanto están en el mundo, se gozan en la luz y el resplandor del sol. También disfrutan de la lluvia, de los copos de la nieve y de flotar perezosamente.
Entre sus tareas están atender la vida de las aves e insectos, la formación de las crisálidas y los juegos de los cervatillos, corderos, ardillas y liebres. Las hadas se alimentan del éter que hay en la atmósfera, absorbiéndolo. Por ello sus cuerpos son como de neblina.
Los espíritus del fuego tienen características físicas muy similares a las hadas.una de las diferencias es que éstos gustan de bañarse en las llamas de los incendios forestales. Al igual que las hadas, también buscan su individualidad. Esta evolución es igual al proceso de los animales. Ellos logran una personalidad gracias a su contacto con los hombres y análogamente las salamandras establecen comunicación con los ángeles.
Estos emplean a los espíritus del fuego como ayudante hasta que aprendan a trabajar como los seres angélicos.
Los espíritus del agua, hadas marinas o nereidas, también muestran grandes diferencias étnicas. Los que viven en el océano Pacífico difieren de los que moran en el Atlántico o en el Mediterráneo. Las especies de los mares del trópico son muy distintas a las que saltan por entre la espuma de las aguas del norte. Muy diferentes a las que habitan en los lagos, ríos, cascada y cataratas.
En todos los casos, asumen la forma y estatura humana. Además de flotar pueden volar en corto trecho. Nunca se sumergen más allá del alcance de la luz. Los espíritus de las nubes o de las aguas del firmamento, suelen ser de gran tamaño y su cuerpo tiene una estructura de malla. Su pasatiempo favorito es modelar la nubes en formas fantásticas o las disponen en series de filas (cielo aborregado).
Las sílfides o espíritus del aire sirven a los devas astrales y disfrutan animando formas mentales de varias clases. Por ello moran en la cuarta dimensión. Es muy común que gasten bromas -que a nosotros nos parecen prodigiosas- tales como sacar objetos de una caja cerrada o poner flores en una habitación hermética.
En diversas tradiciones y leyendas se narra el enamoramiento de un espíritu de a naturaleza por un ser humano. Entonces, anhela ardientemente poseer un alma inmortal para estar toda la eternidad con el sujeto de su amor.
Al encarnar un espíritu en forma humana, resulta extraño su carácter ya que es muy afectuoso, emocional, caprichoso y carece del más leve sentimiento de responsabilidad.
Ilustraciones: Fotolog, todoFONDOS.com, aqua-securybath.com