Y después de una Nochebuena fantástica compartiendo en familia con muchas risas, mucha felicidad y una cena exquisita, llegó el día de Navidad. Y con la comida de Navidad otro día para disfrutar poniendo la mesa. Si en la cena de Nochebuena el mantel era oscuro, en esta ocasión opté por todo lo contrario.
Puse un mantel en color hueso, con flores dibujadas en tejido más satinado acompañado por dos caminos de mesa, uno en blanco grisáceo y otro en color topo también con flores en tejido satinado. Las servilletas en esta ocasión eran de tela, de una mantelería preciosa de recorte que me regaló mi madre con los bordados en tonos beige y ocres. Las puse con unos porta servilletas de mármol en color blanco roto.
Como decoración en la mesa coloqué unos pequeños jarrones de cristal con el filo dorado que adorné atando cuerda de yute para formar un pequeño lazo. Las flores de los jarrones eran unas pequeñas florecitas secas en tonos malva que daban un pequeño toque de color a la mesa. Repetí con los cubiertos dorados de la noche anterior que quedaban genial en una mesa con tanta luz.
Las copas de vino fueron otra vez de cristal transparente ya que en un salón tan iluminado y con los manteles tan claros quería resaltar la importancia de la luz y que quedase lo más diáfana posible. Creo que creé un buen ambiente para una ocasión tan especial.
Quedé muy contenta con el resultado, espero haberos inspirado por si queréis ideas para alguna comida especial.