Obviamente este sistema es muy poco eficaz ante amenazas, pues era tan débil como el más débil de sus nodos, sobre todo si tenemos en cuenta que en esa época, en plena guerra fría, la posibilidad de un sabotaje era bastante creíble.
Ante este panorama la agencia americana ARPA (Advanced Research Projects Agency) reunió a un grupo de expertos y les ordenó diseñar un sistema de comunicaciones que fuese capaz de resistir incluso un ataque nuclear.
De este proyecto surgió ARPANET donde posteriormente se diseñaría el protocolo TCP/IP que sería el protocolo sobre el que nacería internet, que permite dividir la información en paquetes que son etiquetados y lanzados a la red para volver a juntarlos en destino.
Para poder incluir en estos paquetes la dirección de origen y destino necesitaban darle un identificador único a cada una de las computadoras que se unían a la red y eso sería la dirección IP (Internet Protocol).
Una dirección IP es un identificador formado por 4 bloques de 3 dígitos entre 0 y 255, separados por un punto, por ejemplo 192.214.1.127, lo que en teoría podría identificar 255x255x255x255 = 4.228.250.625 de computadoras conectadas a la red.
Si tenemos en cuenta los cientos de miles de millones de "cosas" que se irán conectando a la red en los próximos años no tendremos bastantes direcciones para todos, afortunadamente ya se ha desarrollado la versión IPV6 con la cual se podrá dar una dirección única a cada centímetro cuadrado de la Tierra, incluidos los océanos.