La vida es un viaje lleno de deseos que adoptan diferentes formas a lo largo de nuestro camino.
Estos deseos, elegidos para nosotros como parte inseparable de nuestro ser, han sido domesticados, negados, reducidos, ignorados, amados o actuados según nuestro estado de ánimo y nuestras creencias más profundas.
Sin embargo, en cada ocasión en la que perseguimos estos deseos, nos damos cuenta de que no son más que máscaras que cambian de forma.
Es en ese momento que debemos reconocer lo fácil que sería no negar la voluntad de vida que reside en nuestro interior.
Anhelamos ser famosos, tener mucho dinero, ser importantes para alguien, ser amados y amar.
En nuestro afán por satisfacer estos deseos, conocemos personas que se levantan de sus lechos moribundos para hacer una última negociación y vivir un poco más.
También encontramos a aquellos que se aventuran lejos en busca de la curiosidad de experimentar un nuevo lugar.
Hay quienes recorren enormes distancias solo para observar el reflejo del amor al encontrarse con un espejo.
Sin embargo, en general, nuestra visión del deseo se vuelve pesimista cuando estos anhelos se convierten en meros instrumentos del consumismo.
Existe una entrada constante y persistente para domesticarnos y desear todo aquello que nos destruye.
Pero lo que quiero destacar es que tu deseo es la forma que la vida toma en ti para vivirte y movilizarte.
No es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor que otros deseos, el verdadero desafío radica en las acciones que estaríamos dispuestos a emprender para conseguir lo que anhelamos.
Es fundamental comprender, con bondad y dulzura en el corazón, que desear es estar vivo.
El primer paso es aceptar que está bien desear, reconocer que esa es tu esencia y que estás dispuesto a caminar ese camino.
El segundo paso es confiar en que el universo conspirará a tu favor para manifestar esos deseos en tu vida.
Mientras reflexionaba sobre estos temas, me encontré con interpretaciones de textos sagrados que me generaron cierta inquietud.
La ecuanimidad, según algunos, pareciera implicar una especie de muerte interna, una renuncia a los deseos y las pasiones.
Sin embargo, estamos aquí en la tierra para vivir, experimentar y sentir, en nuestros corazones albergamos fuerzas de todo tipo, y es importante recordar que lo que necesitamos son cartas de navegación, no cadenas que nos limiten.
La mejor carta de navegación, por supuesto, es alguien vivo, alguien que, con su sabiduría y experiencia, pueda guiarnos en nuestro viaje y ayudarnos a encontrar un equilibrio entre nuestros deseos y nuestras responsabilidades.
La ecuanimidad no significa renunciar a vivir plenamente, sino encontrar una armonía interna que nos permita disfrutar cada momento sin apegarnos excesivamente a los resultados.
Cada deseo que albergamos en nuestro interior es una expresión de la vida misma, no debemos juzgarlos como buenos o malos, sino comprender que son parte de nuestra existencia y que, al perseguirlos, estamos afirmando nuestra vitalidad.
Sin embargo, debemos tener cuidado de no caer en la trampa del consumismo desenfrenado y recordar que la verdadera felicidad radica en encontrar un equilibrio entre nuestros deseos y nuestras acciones.
Así, podremos navegar por la vida con autenticidad, sin cadenas que nos limiten y con la guía de aquellos que han recorrido el camino antes que nosotros.
Our desires
Source
Life is a journey filled with desires that take different forms along the way.
These desires, chosen for us as an inseparable part of our being, have been tamed, denied, reduced, ignored, loved or acted upon according to our state of mind and our deepest beliefs.
However, each time we pursue these desires, we realise that they are nothing more than masks that change form.
It is at that moment that we must recognise how easy it would be not to deny the will to life that resides within us.
We long to be famous, to have lots of money, to be important to someone, to be loved and to love.
In our eagerness to satisfy these desires, we meet people who rise from their dying beds to make one last bargain and live a little longer.
We also meet those who venture far away in search of the curiosity to experience a new place.
There are those who travel vast distances just to observe the reflection of love as it meets a mirror.
In general, however, our view of desire becomes pessimistic when these longings become mere instruments of consumerism.
There is a constant and persistent drive to domesticate ourselves and desire everything that destroys us.
But what I want to emphasise is that your desire is the form that life takes in you to live and mobilise you.
It is neither good nor bad, neither better nor worse than other desires, the real challenge lies in the actions we would be willing to take to achieve what we long for.
It is essential to understand, with kindness and gentleness of heart, that to desire is to be alive.
The first step is to accept that it is okay to desire, to recognise that this is your essence and that you are willing to walk that path.
The second step is to trust that the universe will conspire on your behalf to manifest those desires in your life.
As I pondered these issues, I came across interpretations of sacred texts that caused me some concern.
Equanimity, according to some, seems to imply a kind of inner death, a renunciation of desires and passions.
However, we are here on earth to live, experience and feel, in our hearts we harbour forces of all kinds, and it is important to remember that what we need are navigational charts, not chains to limit us.
The best navigational chart, of course, is someone alive, someone who, with their wisdom and experience, can guide us on our journey and help us find a balance between our desires and our responsibilities.
Equanimity does not mean giving up on living fully, but finding an inner harmony that allows us to enjoy each moment without being overly attached to results.
Every desire we harbour within us is an expression of life itself, we should not judge them as good or bad, but understand that they are part of our existence and that, by pursuing them, we are affirming our vitality.
However, we must be careful not to fall into the trap of unbridled consumerism and remember that true happiness lies in finding a balance between our desires and our actions.
In this way, we can navigate life with authenticity, unshackled by chains that limit us and with the guidance of those who have travelled the path before us.