Desde pequeña mi abuelita me llevó a la iglesia cristiana “evangélica” y crecí con bases bíblicas amando la palabra de Dios con un nivel de conciencia de lo sobrenatural, viendo muchas veces el mundo espiritual en el que estamos inmersos, aunque vivimos en este cuerpo físico. Teniendo yo, ¡creo que 8 años! estando en la sala de mi casa, recuerdo que tenía en mis manos un pequeño librito y me estudiaba el catecismo, ya que mi madre estaba dentro de la corriente “católica”; al llegar la noche me dirigí hacia el cuarto de mi mamá para buscar algo y me quede paralizada en la entrada, porque vi una sombra negra con cachos que se escondió detrás del escaparate, entonces grité, ¡Mami…!, ella enseguida fue conmigo y preguntó, ¿qué pasó? En mi inocencia le respondo, mami, vi al diablo, ella dio una expresión de desconcierto y sonrisa aparente, por que en el ambiente había una sensación extraña y ella lo percibió, expresó, ¿qué es eso María?, es verdad le conteste, en ese momento recordó unas palabras de mi abuela y las pronunció en voz alta, la sangre de Cristo tiene poder, sé que ella lo hizo para darme valor, porque yo estaba pálida del susto, y así ella podría también confirmar la veracidad de todas las palabras que mi abuela constantemente le decía, lo que no se esperaba fue ver la sombra cuando salió y de manera fantasmal se fue atravesando los vidrios y rejas de la ventana. Allí pudo creer . Aprendí que tenemos poder en las palabras que decimos y no solamente basta que las digamos, sino que cada palabra tiene valor en sí misma, la biblia dice en el libro de:
Juan 1 versos 1 al 14
"En el principio ya existía la palabra. La palabra estaba con Dios, y Dios mismo era la palabra. La palabra estaba en el principio con Dios. Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran en él. Él no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. La palabra, la luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, pero el mundo no la conoció. La palabra vino a lo suyo, pero los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios; Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y la palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del padre), llena de gracia y de verdad. ( Versión RVC Oraciones y Promesas, © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011)."
La sencilla frase que mi madre pronunció aún sin creer completamente en cada palabra dicha, tuvo el poder y la luz suficiente para sacar del cuarto esa entidad oscura que había entrado. Dios es fiel a su palabra y pronunciar el nombre de Cristo tiene poder en sí mismo. En el libro de:
Proverbios capítulo 18 verso 21
"El que ama la lengua comerá de sus frutos; ella tiene poder sobre la vida y la muerte. (Versión RVC Oraciones y Promesas, © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011)"
¡Y, aun sigo errando al abrir mi boca!!! 😅
PALABRAS
¡Oh Dios! que dulces son tus palabras,
Son como un perfume fresco que me dan vida,
Que renueva mis fuerzas y alientan mi alma,
Siento en ellas tu fidelidad, me inspiran confianza y me dejo caer,
Descanso, son un colchón con suaves sábanas,
¡Que dulces son tus palabras!
Son como un bocado del browne mas delicioso,
placentero, cálido, con un profundo sabor a ti,
Me abrazan el alma, las siento en mi cuerpo,
relajada me encuentro sintiendo tus dulces palabras.
(Inspirado en la Biblia)