Me escribes, me saludas y me envías muchos corazones, acompañado de tus besos.
Me emociono y me trasladan a soñar y a meditar despierto, quizás sobre tus manos que no miro, sobre tu cara que no veo, sobre tu nombre si este será real y quizás sobre el precioso color que podrán tener tus ojos.
Pienso en lo probable de tus insolentes labios rojos que me invitan a su carnoso espacio para besarles.
No sé si será conveniente devolver el beso, ya que este me hará navegar sobre un abismo encontrado en la oscura soledad de mi habitación, cuando descanso.
Quizás hago sentir en ti, la suave fragancia que despiden mis letras, que combino unas con otras a fin de decirte cosas atrevidas, que con disculpas perdonaras.
Pero sonreirás cuando estés leyéndome, simulando que recostado estoy sobre tu pecho, tu entendiendo mi sentir, con tus brazos y me abraces, desde la lejanía pidiendo a gritos que te haga el amor.
A tu lado estaré en la distancia, imaginando exaltado, tus exuberantes piernas besándolas sin mirarlas, transmitiendo mil caricias, para que menciones mil veces mi nombre, entre gemidos en un sordo silencio que no escucho, hasta que te quedes dormida, sin yo saber, si lo estás.
Desde la lejanía me acercaré a mirar por mi ventana, el brillo de las estrellas acercadas a la luna.
Lo haré de noche, y no sé, si quede alguna que tome en cuenta que estas brillando más que el sol, que me despierta todas las mañanas.
No sé, si entenderás que mis pensamientos son más rápidos que el viento y estos vuelan sobre el tiempo.
Los hago soplar hasta llegar a tu teléfono a través de mi teléfono y en aventura me sientas sobre todo tu cuerpo, haciendo vibrar la pasión, sobre la ingenuidad, que solo a ti, te pertenece.
Me gusta cuando me llamas amor y por causa de tu risa, no sé qué decir. Pienso, y con mi mano temblorosa y entrecortada, te escribo de nuevo sobre una pantalla.
Con paciencia lo hago, para acariciar tu mente, tus mil sentidos con mis palabras escritas que, te dicen cómo te vengo amando.
Con encanto estampas tus letras, en respuesta dejando mirar tus encantos, provocando en mí, la inquietud de continuar escribiendo.
Continuaré alegrando tu corazón para que sonrías, al leerme y lograr ante todo que florezca una amistad dentro de un gran jardín de rosas que francamente dejaré sembrado en ti, para que me guardes en lo profundidad de tus letras, como un recuerdo que encontraste en la lejanía.