Reino ermitaño”, “última monarquía feudal”, “verdadero epicentro del Eje del Mal”... Cuando de Corea del Norte se trata, no faltan los calificativos más sombríos. A primera vista, pareciera que allí se decide el futuro del planeta, de la mano de un montón de fanáticos envalentonados por su búsqueda del arma nuclear y el liderazgo de un dictadorcillo egocéntrico con un mal corte de pelo. Más allá de esos lugares comunes, Corea del Norte puede no ser ni tan caricaturesca ni tan irracional como se ha insistido en presentarla. Al menos no en cuanto a la decisión de hacerse con armas nucleares y capacidad misilística para llevarlas hasta el territorio de cualquier pretendido enemigo. Tampoco en su peculiar -y peligrosa- proyección geopolítica.