Vida desconocida

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Vida desconocida

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¿Quién soy yo? No puedo recordarlo. Desperté en esta camilla de hospital y no recuerdo nada de mí. A mi alrededor hay muchas enfermeras andando de un lado para otro. Algunas ríen, no se han fijado que estoy despierta, junto a mi hay alguien en una camilla también, no puedo ver su rostro pero se queja y llora mucho.

Debo llamar a la enfermera, necesito me ayuden.

-Hola – mi voz es extraña, no parece la misma, de seguro tiene algo que ver con lo que sucedió, quizás me hicieron algún procedimiento. Luego volverá a ser la misma. – Por favor… ¿me escucha alguien?

Una enfermera joven, vestida toda de blanco se acerca a mí casi danzando. En su cabeza tiene un bonito sombrero de enfermera sobre un bien peinado cabello rubio. Su sonrisa me transmite tranquilidad.

-Hola Rita, me llamo Estela, soy tu enfermera de turno. ¿Cómo te sientes? – empieza a revisar debajo de mi sabana mis brazos, mis piernas. Algo en mí lo noto diferente.

-Me siento extraña, me duele mucho la cabeza, pero creo que hay un error… mi nombre no es Rita, me llamo Rei. – Su cara no muestra asombro ni preocupación solo sigue sonriendo y con un tacto amable me dice;

-Sí, quizás sea un mal entendido. Ahora debes descansar voy a buscar el doctor, él te explicará todo lo que debes saber.

–Y sin decir más se va con su andar y su sonrisa por una puerta que está al final de la sala.

Suspiro. Siento que algo va mal. Aunque que no recuerde nada de mi vida, solo mi nombre y donde vivo ya es un indicio.

Siquiera puedo decir que estudio, o trabajo. Sé que los nombres de mis padres son Liu y Ming Wang. Recuerdo el árbol de cerezo que decora la puerta de nuestro hogar. Mi abuela… realmente ya no recuerdo el nombre de la abuela, pero ella lo hizo plantar cuando yo era muy pequeña, hizo que lo trasladaran desde japón hasta acá solo por sentir que estaba en casa.

Un hombre bajo y delgado entra por la misma puerta donde hace unos minutos se fue Estela. Lleva una bata de médico, con uno de los equipos que usan para escuchar colgado al cuello. Detrás ella le sigue los pasos.

-Hola Rita, soy el Médico Escala, ¿cómo te sientes?

-Extraña

-¿Cómo es extraña? – El hombre coloca su aparato sobre mi pecho mientras me pregunta.

-Pues, siento que mi cuerpo no es el mío. Mi voz no suena como mi voz y ya le he dicho a la enfermera mi nombre no es Rita.

-Bien, ¿cúal es tu nombre?

-Rei Wang – ahora me revisa mis ojos con una luz.

-Sigue la luz con tu mirada, Rei. – me dice y obedezco.

-¿Puede decirme dónde estoy?

-Te encuentras en el hospital del este, has sufrido un grave accidente, ¿recuerdas algo de lo que pasó? – sus ojos me miran atentamente, ya ha guardado su linterna.

-No, no recuerdo nada de mi vida realmente.

-¿No recuerdas nada de tu vida? ¿Pero si sabes que no te llamas Rita?

-Si, de eso estoy segura. – La criatura en la mesa de al lado emite quejidos una y otra vez.

-Estela, por favor colóquele otra ampolla de midazolam a la paciente de la cama 2. – dice el doctor a la enfermera que se pierde siguiendo sus instrucciones.

-¿Qué me pasó? – pregunto. Me da miedo saber, no entiendo el motivo. Realmente no entiendo nada.

-Tuviste un accidente de tránsito hace dos días Rei. Quedaste atrapada dentro de un vehículo con tus padres, el auto se incendió, pero afortunadamente te sacaron a tiempo los paramédicos.

-¿Y mis padres?- mi miedo se agrava, no pueden estar muertos, no siento que estén muertos.

-Lamento decirte que fallecieron Rei- responde el doctor un tanto apenado. No tengo ganas de llorar, no siento que mis padres puedan estar muertos. – debo verificar lo de tu identidad, quizás haya habido una confusión con el caos del accidente, debido a que tu nombre lo tiene la persona que está al lado.

Ya a mi lado la persona no se mueve, está en calma.

-¿Y a ella que le pasó? – siento que mi voz es solo un hilo, un hilo que es desconocido para mí.

-Estaba en el lugar del accidente, solo que a ella la sacaron del otro vehículo un poco tarde, su cuerpo está muy quemado. Pero no te preocupes tu estarás bien. Te haremos unos exámenes complementarios y todo saldrá excelente.- Sin decir más se marcha. Veo como su bata es un reflejo blanco que sale por la puerta, pero mis ojos se inundan de lágrimas. Me siento muy débil. No entiendo nada de lo que sucedió.

Así que decido dormir. Cierro mis ojos, y lo intento. Pero apenas lo logro muchas imágenes vienen a mi mente. Imágenes desconocidas y familiares a la vez.

Me veo a mi misma corriendo frente a mi casa cuando era una pequeña. Montando mi bicicleta morada frente a la casa de mi abuela.

Veo mi vestido favorito, uno que me regaló mi abuela por mi cumpleaños número dieciséis, un bello Iromugi de color rosa pálido con estampas de kois en la parte inferior.

Veo a mi abuela sentada en la mesa de té de mi casa, con su jarra de porcelana sirviéndome un té Matcha mientras me sonríe. La veo danzar debajo de la luna llena en mis visitas a su templo y recitar sobre mí muchos rituales de protección.

Y las no tan familiares como una niña de pelo rojo corriendo en la playa a mi lado, con un gran perro pisándole los talones. Otra con dos adultos con trajes de invierno que me abrazan.

O el sonido del pito de un coche que me hace salir a la puerta principal y despedirme agitando la mano. Mi mano, una mano blanca, pálida. Aunque mi mano es pálida, esta tiene algo diferente, quizás las uñas.

Sí, es eso, uñas pintadas de azul. Nunca me pintaría las uñas de azul.

Abro los ojos de golpe y saco mis manos de debajo de la sábana, mis uñas están blancas. No, pero no son mis uñas, la forma son diferente. Mis manos son diferentes al igual que mi brazo; tengo un tatuaje en forma de medía luna en mi antebrazo izquierdo, aunque, quizás ya lo tenía y no lo recuerdo.

-Hola, enfermera – llamo una vez más. Inmediatamente llega a mi lado una enfermera, esta vez morena, de pelo enrulado y negro. Me sonríe y se presenta como Marie. – Necesito que me diga, si, yo tenía las uñas pintadas, cuando llegué.

-Bueno, no sabría querida, llegaste hace dos días, y normalmente cuando es así se retira el esmalte por fines médicos.

-¿Pero no sabe si las tendría pintadas?- mi voz es suplica.

-No querida, no puedo decirte eso, porque no lo sé.

-¿Ya confirmaron mi identidad? – tengo esperanza que sí lo hayan hecho y todo esté en orden.

-No querida, creo que se les pasó por alto en todo el pendiente, déjame chequear en el sistema. – se aleja de mí y se acerca a un mostrador que está un poco apartado, colgando frente al mostrador hay carpetas con nombres en el frente, desde mi distancia no logro leer lo que dicen, supongo que serán los nombres de todos nosotros. Veo como la enfermera teclea en el ordenador, se levanta, toma un lápiz y una hoja y se acerca a mí.

-Bien, dame tus datos, el sistema está abierto- me dice sonriendo.

-Mi nombre es Rei Wang, nací en Yokohama Japón en 1998, me mudé a este país cuando tenía diez años, mis padres son Liu y Ming Wang, mi dirección es calle 2885 casa 520 del distrito de Valle Verde. No recuerdo donde estudio, o si me gradué… Pero… sé que ese es mi nombre.

-Bien Rei, ¿me dices que tu nacionalidad es japonesa? ¿Qué toda tu familia es japonesa? - Su cara es de confusión.

-Si, si, como te digo, nací en Yokohama. Ayúdame, me siento extraña y quizás sea porque sé que la identidad que me dieron no es la mía.

-Haré todo lo posible Rei. – la enfermera se marcha nuevamente al escritorio, veo que teclea mis datos en el ordenador. Escucho como la impresora hace su trabajo y la veo dirigirse a donde estoy con un papel en mano. Se acerca donde estoy, su rostro solo me deja denotar más y más dudas, la veo acercarse, cuando de pronto en la cama de al lado, la paciente empieza a gritar estrepitosamente, así que mí ayuda se guarda la información en el bolsillo y corre a socorrer a mi vecina de hospital.

Sé que pronto todo este mal entendido se solucionará.

Veo como todo un equipo de trabajo se acerca a la cama de la chica que está a mi lado y se desarrolla un pandemónium.

La situación me altera, siempre me han torturado lugares así. Cierro los ojos profundamente y cuento hasta cien, pronto todo se detendrá.

Cuando todo vuelve a la calma abro los ojos. A mi lado veo al doctor llenando unos formularios, y el cuerpo de la joven de al lado está tapado con una sábana, ha fallecido. El doctor con cara de pena sale a avisar a los familiares. Luego de mucho tiempo, la puerta al final de la sala vuelve a abrirse y entran mis padres. Mi corazón da un brinco de felicidad, sabía que no estaban muertos. Sonrío y lloro de felicidad y los llamo a gritos.

-Mamá, papá están vivos. – sonrío. Pero la cara de mis padres no es de felicidad, es de perplejidad, están horrorizados, conozco bien esa expresión en el rostro de mi madre; fue la misma que evidencié cuando descubrió a mi amiga de curso Lea vistiendo una camisa trasparente para ir a uno de mis recitales de piano. ¡Oh, otro recuerdo! Sin duda es algo positivo. – Mamá soy yo, Rei, - le extiendo mi mano, pero solo se alejan más.

-¿Cómo puede ser tan insensible muchacha? Mi niña acaba de fallecer, no haga esas bromas, quizás usted también sufre, pero con eso no se juega. – mi padre la abraza y la aleja de mí. No entiendo que sucede, me duele demasiado la cabeza y no puedo pensar; veo como mis padres se acercan al cuerpo que está a mi lado, lo abrazan, lo besan y dan las palabras de despedida. Pero ¿Cómo es que no me han reconocido? Si soy yo. ¿Acaso he quedado desfigurada? No, mis manos y brazos aunque los siento diferente se ven sanos.

La enfermera se acerca a mí, me toma de la mano y me susurra al odio que todo estará bien, que no interfiera con la despedida de ellos o los asustaré. Así que permanezco callada, viendo como mis propios padres sufren, y se despiden de alguien que no soy yo, los veo salir de la sala entre lágrimas.

Miro a la enfermera esperando respuesta.

-Por favor, que sucede, ¿Por qué mis padres no me reconocen? – hablo bajo pero con desespero, ya que junto a nosotros otra enfermera prepara el cuerpo para trasladarlo a la morgue.

-Bien, encontré la información que me pediste, y sí, existe una persona con esos datos que me diste, e incluso aparecen los padres, que son los mismos que se acaban de ir, pero… esa persona no eres tú.

-¿Cómo que no soy yo? Es mi identidad. – siento que mi cabeza late fuertemente. Se saca el papel del bolsillo y lo abre ante mí. En él salen mis datos y mi fotografía.

-Mira, no es tu rostro, debió ser el de la joven de al lado aunque está muy quemada como para nosotros saberlo.

-Claro que es mi rostro, ¡esa soy yo!- siento como si me jugaran una broma, pero ya estoy desesperándome.

Veo como la enfermera se aleja de mí, se va por la puerta y vuelve pasado unos minutos con un polvo facial en la mano, lo abre frente a mi y me pide que me observe, lo hago. Quien me devuelve la mirada no soy yo, es una joven con el cabello muy corto rojizo, la nariz minada de pecas y ojos verde claro. No entiendo que sucede.

-No, no puede ser. – las lágrimas recurren a mis ojos y me inundan. Debe haber una explicación. – pero esta no soy yo, yo soy Rei, ¿Qué me sucedió? – lloro descontroladamente, no se cuanto estoy llorando. No sé si minutos, horas, o días. No noto cuando la enfermera se va, ni cuando vuelve, solo sé que sigo llorando.

Muchos intentan hablar conmigo, pero no quiero, solo deseo despertar de esta pesadilla. Solo deseo ponerle un fin a este terror.

Han pasado muchos días, aún no comprendo que sucede. Nadie ha venido a visitar a Rita, así que solo he tenido la compañía inconstante de las enfermeras. La soledad se ha apoderado de mí.

Unas manos frías me despiertan después de lo que me parece fue una eternidad. Frente a mí aparece la enfermera morena, en ésta oportunidad no sonríe, veo en sus ojos una luz de preocupación.

-Hola Rei, pronto te dejaran ir a casa – su voz es pausada, veo que está incomoda pero yo no tengo nada que decir. – sé que esto es muy complicado, y te sientes perdida, pero… yo puedo ayudarte.

-¿Ayudarme? – esta vez si ha captado mi atención.

-Si Rei, te ayudaré a averiguar que sucedió, ¿te parece? – destella bondad. Cuando era pequeña iba con mi abuela en un tren hacia Kyoto, el lugar olía a maní dulce y me aferraba a la mano de ella, por la ventana, llegando a la estación visualizamos en el adén a una mujer vestida con ropa sucia y mojada de la lluvia, llevaba en su mano un solo trozo de pan. Apartado en una esquina de la sucia estación estaba un niño un poco mayor que yo pidiendo limosna, la mujer se acercó a él tomó el pan lo pico en dos y le dio un pedazo al chico para luego alejarse arrastrando sus pies. Le pregunte a mi abuela “Niya, ¿por qué esa mujer compartió su pan con ese chico si ella también se ve pobre?” con nostalgia y una sonrisa en sus labios me respondió que, a veces los que menos tienen, más bondad habita en su corazón y que quizás, aunque esa mujer no tenía mucho que ofrecer, daba lo poco que tenía a alguien que lo necesitaba igual que ella.

Que la enfermera me ofrezca su ayuda, sin siquiera conocerme me recuerda todo esto. Bondad, una palabra que pocos quizás comprendan, pero me brinda esperanza. Sobre todo por el hecho de que gracias a ello recuperé un nuevo recuerdo, uno que es mío y que sé que me pertenece a mí y a nadie más.

-Rei, ¿Qué dices? – su voz me trae a la realidad y solo puedo asentir. No hay otra alternativa realmente, al salir de este lugar no tengo donde ir, mis padres me creen una joven loca, y los padres de la chica que aparentemente soy ahora han fallecido, y no sé realmente nada de su vida. -Bien, he intentado indagar, pero no tengo nada de información, cuando te dejen salir estaré aquí te llevaré a mi casa.

-¿Cuál es tu nombre? – mi voz es ronca, como si no hubiese hablado en mucho tiempo. Sin duda la emoción puede dejarte sin palabra.

-Me llamo Marie – en sus labios se dibuja una amplia sonrisa por primera vez este día. Y sin decir nada más se marcha a realizar sus labores.

Esa misma tarde me valoran y el doctor decide darme el alta médica con el nombre de Rita Carvajal. Tal como prometió Marie estaba en la puerta de la emergencia cuando salgo. Es la primera vez que la veo sin su ropa de enfermera, lleva un jean y un suéter azul cielo, su cabello danza libremente al ritmo del viento.

-Vamos, te llevaré a mí casa- me dice. Caminamos en silencio hasta el estacionamiento. Llevo ropa que me queda muy grande, la ropa de Rita se dañó en el accidente, y me facilitaron ropas viejas que estaban en el almacén del hospital.

En el cielo, el sol en lo alto nos transmite sus rayos calientes que proyectan las sombras de todo a mi alrededor. En el piso la sombra de Marie la sigue mientras camina delante de mí. Giro para ver la mía, siento un miedo aterrador mientras me giro para buscarla, como si no fuese a encontrarla. Pero ahí está, siguiendo cada uno de mis pasos.

La enfermera se acerca a un pequeño escarabajo blanco, se sube y abre la puerta para mí.

Una ráfaga de viendo me agita el cabello cuando me voy a subir y un murmullo de voces gritan ”Rei busca a Yamato”; me detengo a mitad de mi movimiento y veo a mi alrededor buscando quien me llama. El estacionamiento está lleno de vehículos de diferentes modelos, a lo lejos veo la entrada de la emergencia, un grupo de personas habla frente a la iglesia que se encuentra al final del estacionamiento, pero no hay nadie más. Todo está relativamente en calma.

-Rei, ¿sucede algo? – sin decir nada, subo al coche y cierro la puerta. Huele a ambientador de fresa, -Bien, colócate el cinturón. Sé que es difícil todo esto, ¿no se te hace familiar nada? - niego con la cabeza. Veo en el piso del vehículo un libro naranja con letras grandes y negras que dicen “Rumania”, lo tomo y examino el interior, solo letras, sin ninguna imagen. – ese es un libro que me regalaron, es muy bueno, deberías leerlo. –

Cuando el vehículo se pone en movimiento empezamos a hablar de la vida de Marie debido a que no sé nada sobre la mía. Ella vive sola en un pequeño departamento a las afueras de la ciudad, tiene un gato blanco llamado bola de nieve. Le gusta leer, tiene una pequeña colección de libros, casi todos de segunda mano, su trabajo no le deja gastar en libros de primera. Vamos pasando por un Mcdonalds cuando una imagen se viene a mi mente. Una imagen de mí, corriendo bajo la lluvia a refugiarme en el restaurante de comida rápida. Voy empapada, y cuando mi imagen se proyecta en el espejo de las vitrinas mi figura se ve diferente.

Mi cabello es más corto de lo que recordaba, de color negro, con ojos achinados que me regresan la mirada desde la vitrina, pero mi vientre está abultado, estoy embarazada. Y en mi cara hay terror y miedo.

-¡Detente!- le grito a Marie que frena de improvisto, me bajo rápidamente del auto y miro a mi alrededor. El lugar es el mismo de mi visión, solo que está soleado, los mismos árboles, las mismas flores y el mismo camino de piedras. – este lugar es familiar Marie.

-Bueno, sería muy extraño que no hayas ido nunca a un Mcdonalds. – sonríe.

-No, es mucho más que eso. Estoy segura que algo me sucedió- vuelvo a subirme al coche y le cuento mi visión. Marie me mira y me mira durante mucho rato y pone el vehículo en marcha nuevamente.

-Rei, es muy extraño todo esto, pero… cuando te busqué en el sistema, no decía nada que tuvieses algún hijo. –

-Pero está ahí en mis pensamientos, debemos buscar más de mi vida. – estoy desesperada, es como estar perdida en tu propia cabeza.

-Bien, tengo una idea, podemos revisar en las redes sociales, no es mucho, pero es algo. ¿te parece si empezamos así? - Asiento, debemos empezar por algún lugar ¿no?

Llegamos a su casa pasados unos minutos, es un pequeño edificio de ladrillos de cinco pisos. El departamento de mi nueva amiga está en el segundo piso, al entrar en el edificio el recibidor está casi a oscuras, solo una lámpara alumbra las cajas del correo. Un pequeño elevador nos mira de frente y la puerta para la escalera está justo al lado. Subimos por el elevador que es minúsculo y huele a humedad.

El departamento de Marie se encuentra en un largo corredor. Todas las paredes están tapizadas de un color verdoso, y sobre cada puerta hay un cuadro de madera con los números de los departamentos, el de mi amiga es el 2-10. Marie abre las puertas y me invita a su hogar, un lugar pequeño y acogedor, a diferencia del resto del edificio está muy bien iluminado, las paredes pintadas de un bello color amarillo claro, con muebles de madera en el centro de la estancia, al lado de la puerta de entrada una pequeña cocina con muebles de caoba pulida.

Unas grandes ventanas dejan ver un pequeño balcón donde hay muchas plantas en macetas. Y al lado un pequeño pasillo donde están las dos habitaciones y el baño.

-Es pequeño, pero espero te sea cómodo y te sientas como en casa. Vivía con una prima, pero se enamoró y se fue con su nuevo esposo. Así que quede sola, al tiempo busque al señor “bola de nieve”, él va y viene a su antojo, en el baño está su caja de arena, cuidado te tropiezas, pero siéntate.

Le hago caso, me siento en uno de los muebles de madera, mientras mi amiga toma asiento en el otro y abre el computador que descansaba sobre la mesa de café. La veo abrir Facebook e introducir mi nombre en el buscador, inmediatamente aparecen varios nombres como el mío con diversas fotos de perfil, bajamos la página hasta que una de las fotos llama mi atención. Es una silueta en el atardecer, pero sin duda la conozco, debe ser mi perfil. La abrimos, y desde la foto de portada mi imagen me sonríe.

La cuenta es pública lo que nos permite indagar. En la biografía muchos comentarios resientes de personas lamentándose por mi muerte. Era fotógrafa, tengo álbumes de fotos de mis trabajos, muchos de niños, mujeres embarazadas, bodas… Abrimos uno que titula “mi embarazo”, el inicio de las fotos es de hace más de un año. En la primera aparezco con un bulto en mi vientre que casi no es visible frente a un espejo, las fotos siguen el mismo prototipo pero con la diferencia de que mi vientre va aumentando de tamaño. Muchas fotos son de los ultrasonidos y en una de las fotos está un hombre besando mi vientre.

Otras fotos con el mismo chico en diversos lugares, heladerías, en la playa y una donde estamos en un cuarto de hospital cargando un bebé. Mis ojos se llenan de lágrimas pero sigo buscando información, la etiqueta en la fotografía me lleva a una página de Facebook de Rubén Montenegro, también fotógrafo. Todo su facebook está repleto de mis fotos. En su portada está la foto de un bebé.

Pero no hay publicaciones desde hace más de dos meses.

En su perfil está la dirección de su estudio fotográfico, así que, sin dudarlo, Marie y yo nos dirigimos al lugar, solo queda a veinte minutos de camino. Compramos algo de comida y partimos.

No puedo hablar, sin duda mi vida me ha sorprendido por completo. Tengo un bebé, nunca imaginé que pudiese ser madre, o tener una familia. En cada imagen me veía feliz, realmente feliz.

El viaje se hace largo, y está anocheciendo cuando llegamos a la tienda de fotografía. Está cerrada, pero mi necesidad de información puede más. Camino por el lado de la tienda donde está la puerta del servicio.

-Rei, ¿Por qué no volvemos otro día que esté abierta? Ya es tarde.- Ignoro a Marie y forcejeo con la puerta que por más que la mueva sigue cerrada. Una luz en el segundo piso me hace pensar que hay alguien. Como puedo, subo sobre los contenedores de basura ignorando todos los comentarios de mi amiga, me impulso y salto sobre la tapa del basurero y me agarro al borde de la ventana por donde se cuela la luz. Empujo el cristal que para mi sorpresa se mueve hacia adentro y me deja una magnifica entrada.

-Solo veré lo que hay dentro Marie, y saldré rápidamente. Espérame en el auto. – escucho como reprocha y me pide que me baje pero ya es tarde, estoy dentro de una pequeña habitación. La cama se encuentra revuelta, frente a la cama está una armario con un gran espejo.

El mismo espejo donde fueron tomadas tantas fotografías. Hay risas y música en la estancia, sin duda deben haber como tres personas, así que debo ser veloz. Reviso las puertas del armario, hay ropa de mujer y de hombre, mucha que me es familiar incluso las de hombre. Cremas, perfumes, cosas normales.

Decido arriesgarme y caminar hacia la estancia, por lo visto, la tienda de fotografía era también su hogar, mi hogar. la puerta de la habitación comunica con un pasillo iluminado, en cada pared hay cuadros, al frente hay otra puerta que no me arriesgo a abrir. Sigo el ruido de las voces lentamente, necesito poder recordar algo más. Camino en puntillas, hay muchas risas, llego a la estancia y me sorprendo al encontrarla vacía.

El ruido procede de un televisor que está frente a unos sillones grises. Detrás del televisor una cadena de bombillas y plantas decoran el lugar, a la derecha una pequeña cocina. Me acerco al refrigerador y veo una foto que me conmueve; son los tres frente a un parque, el niño aún muy pequeño envuelto en muchas mantas de color azul. Tiene la fecha de hace cinco meses. Las encimeras de la cocina están sumamente sucias, restos de pizza, latas de cervezas y migajas de nachos están esparcidos por todos los mesones.

-¿Quién eres tú?- una voz me sobresalta, quizás he gritado, no lo se. Me giro sobre mi misma y me encuentro al chico que he visto en tantas fotografías, aunque su aspecto no es el mismo. Su ropa está arrugada, manchada, tiene una barba de muchos días, y sus ojos azules están decorados con unas grandes bolsas bajo sus parpados. -¿Qué haces en mi casa?-

-Yo, yo… he venido a hablar contigo. – sus ojos están rojos, sin duda ha estado tomando alcohol.

-¿Qué tienes que hablar conmigo? Además eso no te da derecho a meterte en mi casa.

-Lo siento, toque pero nadie me abrió. – miento. Veo que se relaja un poco, se acerca a la nevera toma una lata de cerveza y me ofrece una, la tomo solo por hacerlo sentir en confianza.

-Bien, ya que estás aquí, siéntate, no es como que tenga mucho que hacer.- me dirijo al sofá gris y me fijo en detalles que había pasado por alto. Junto al mueble hay un cochecito de bebé azul, sobre la mesa de café muchas más latas de cerveza y una cámara fotográfica y en el piso junto a él, un bate de béisbol. Justo al lado del pasillo por donde he llegado a la sala de estar está la escalera que desciende al primer piso, y al lado de esta un mueble con muchos libros.
Libros que yo he tocado.

Era un sábado por la mañana, tenía alrededor de ocho meses de embarazo y ordenaba mis libros luego de sacudirlos, colocaba un portarretrato en el trecho superior del estante. Unos brazos fuertes me rodean la cintura, giro sobre mi misma y encuentro a Rubén que me sonríe mientras propicia besos por toda mi cara.

-¿Por qué colocas un portarretratos vacío mi pequeña sumire?- su voz es dulce.

-Pronto llegará nuestro pequeño rocío, y aquí pondré su primera foto. – siento como sus manos se deslizan por mi vientre. –pronto estará aquí, sea lo que sea.

-Si es niño lo llamaremos Yamato, porque él llegará a darme calma, tal como su madre, y si es niña, quisiera que se llamara Ena, porque será nuestro regalo-

-Podemos usar nombres de aquí – le suelto mientras le beso el cuello abrazada a él.

-Lo sé, pero no tienen tanto estilo- sonrío.

-Bien ¿a qué has venido? – paso de la estancia en horas de la mañana a una que se encuentra casi en penumbras. Rubén se ha sentado en el sillón y sigo sus pasos y me siento a su lado.

-Yo, quería saber qué pasó con Rei – su lata de cerveza se queda a mitad de camino de su boca, sus ojos me traspasan, y veo el dolor en su mirada.

-¿Por qué quieres saber de mi chica?- su voz suena llena de dolor.

-Pues, fui… una gran amiga. Creo.

-¿Amiga? ¿O sea que tu fuiste quien la delato con sus padres y por ti vinieron por ella?

-No, yo no sabía que sucedía, ¿por qué se la llevarían sus padres?- cada vez todo me resulta más complicado de entender. – la verdad, la conocí hace muchos años, en un curso de fotografía cuando estábamos en la preparatoria, pero perdí el contacto directo con ella porque me mudé a Europa para completar mis estudios, hace una semana llegué a su casa a buscarla y me encontré con que había fallecido. – tengo que mentir, sino me creería una loca. Que siendo honesta quizás lo esté.

Veo como medita todo lo que le digo, pero al final creo que decide creerme y empieza a hablar.

-Te contaré entonces como nos conocimos. Ambos nos inscribimos en la carrera de bellas artes hace cuatro años, fuimos amigos desde el primer momento. Salimos, compartimos, llegué a ir a su casa a preparar proyectos juntos, siempre como un amigo. Pasado dos años ambos sentimos que había algo más profundo entre nosotros, así que avanzamos, decidimos presentar nuestra relación al mundo y ese fue el error, quizás. Sus padres se opusieron rotundamente, no toleraban que su hija tuviese una relación con un latino, que injusto la verdad, son personas chapadas a la antigua y siguen su religión con empeño. Le hicieron la vida imposible a Rei, incluso le prohibieron ir a clases. Así que ella decidió escaparse y se vino a vivir conmigo. Nadie sabia donde estaba ella, la intentaron convencer en muchas ocasiones en la universidad, le insistieron le dijera donde vivía pero ella siempre se negó, dijo sabía de lo que eran capaz sus padres.

»Nos graduamos y decidimos casarnos. Nuestra vida era perfecta, éramos felices, nuestro negocio de fotografía creció mucho, todo era magnifico. Ella no volvió a tener contacto con sus padres. Quisimos tener nuestro primer hijo, todo marchaba bien, lo tuvimos… lo tuvimos… él…- su voz se entrecorta, veo como las lágrimas corren por sus mejillas, veo el dolor en sus ojos. Sé que me amaba, veo en su dolor lo mucho que amó nuestra familia.

Tomo su mano y le intento calmar, suspira, y le dejo llorar todo lo que quiera. Pasado un momento se limpia las lágrimas con la manga y prosigue hablando.

-Nació el dieciséis de julio. Nunca habíamos sido tan felices. Hace dos semanas Rei llegó a casa y me dijo que había visto a una amiga, hablaron en un café y ella le contó donde vivía para que viniera a conocer al bebé. A los dos días sus padres llegaron con unos fortachones, me golpearon, se llevaron a Rei y al bebé, los busqué en todos lados, en la que era casa de sus padres, en el trabajo de ellos, pero no estaban. Ya la habían seguido en una oportunidad cuando estaba embarazada, pero ella se escondió en un Mcdonalds. Hace una semana y medía salió en las noticias lo del accidente de tránsito y la muerte de mi querida Rei.

Escucho un ruido sordo en las habitaciones, Rubén se levanta abruptamente, toma el bate de béisbol y camina hacia el ruido. Yo le piso los talones, cuando entramos en la habitación mi amiga se soba la cabeza sentada en el piso.
-¡Marie!- corro y me pongo a su lado. – no te preocupes Rubén es mi amiga, me trajo aquí.

-Bien, pero, creo que ya deberían irse. – responde el hombre, sin duda, desea seguir estando solo. Nos dirigimos hacia la escalera y bajamos a la estancia del primer piso que se encuentra en penumbras, nos abre la puerta de servicio.

-Creo que para la próxima vez deberían venir después de avisarme,- dice riendo un poco.

-Si, creo que seria buena idea. Bueno, mejor nos vamos. – Marie sale y me despido de Rubén con un abrazo, su olor se me hace muy familiar, y de pronto todos los recuerdos vienen a mi mente, desde el momento que lo conocí, las peleas con mis padres, hasta todo lo que sucedió con Yamato y el día del accidente.

Salgo corriendo del lugar y tomo a Marie del brazo, la halo conmigo hasta el escarabajo y le digo la dirección a donde debemos dirigirnos. Estando en camino le cuento un poco de lo que me he recordado.

Llegamos a la puerta de un pequeño orfanato que se encuentra cerrado. Con desespero toco la puerta. Marie esta vez me apoya.

Una anciana vestida con una gran bata blanca de dormir, abre la pesada puerta de latón e invita a pasar a Marie. Yo me cuelo detrás de ambas y sigo sus pisadas. Escucho como mi amiga habla y habla sin cesar de la necesidad que tiene de adoptar un pequeño y además de ayudar en el lugar, de su conexión con los niños.

-Bien querida si, necesitamos apoyo, y hay muchos pequeños que necesitan hogar. Pero podrías venir más temprano ya todos están durmiendo. – el tono de reproche de la anciana denota que la que dormía era ella.

-Lo sé, pero fue una repentina necesidad, que le parece si me enseña el lugar. ¿Cuántos niños hay madre?-

-Tenemos veinte niños de entre dos a nueve años y tres bebés. Los niños más grandes están en el orfanato de Villa Buena. – la voz de la anciana es calmada, caminamos por un pasillo que se encuentra oscuro pero se pueden ver, por la luz de la luna que se filtra por la ventana, las mesas en el comedor en una de las puertas.

-Bien madre y ¿Dónde ubican a los bebés?, debe ser muy difícil cuidarlos. – llegamos a una puerta de madera donde resaltan las palabras “oficina principal”, la mujer empieza a rebuscar entre sus llaves.

-Si, es difícil, tenemos dos cuidadoras una de día y otra de noche. Están en el piso de arriba, tienen pequeñas cunitas para cada uno. – la anciana abre la puerta luego de varios intentos con la llave y cuando la cierra salgo de mi escondite en las sombras y corro hacia las escaleras que se encuentran al lado de la puerta del comedor. En el piso superior hay varios muebles pequeños, con estantes a los lados, hay dos puertas de madera, en una señala el área de los niños y en la otra de las niñas.

Continuo caminando al final del pasillo tratando de que mis pasos no hagan ecos en el pasillo, y encuentro una última puerta que se llama, “área maternal”, abro la puerta suavemente. El lugar está iluminado por varias lámparas de noche, y hay tres cunas en la pared de frente justo al lado de las ventanas. Al lado de la puerta hay otra puerta que se llama “sala de descanso”, en puntillas, llego hasta las cunas y reviso a los bebés. Encuentro a Yamato en la segunda cuna, su rostro me es conocido, sé que es él.

Espero que no llore. Lo tomo sobre mis brazos y con cuidado me regreso por donde entré. Bajo despacio las escaleras y salgo del edificio sin hacer ruido. En el auto espero a Marie, sé que hago lo correcto, él es mi bebé. Cuando se den cuenta que Yamato no está en su cuna estaremos muy lejos y el niño estará con su padre, de quien fue robado.

Marie aparece luego de media hora, la hicieron llenar muchos formularios para su coartada de querer cuidar niños en el lugar.

-Bien, ahora dime todo lo que sabes Rei- sé que lo merece, me ha ayudado en todo lo que le he pedido, y necesita una explicación. El auto se pone en movimiento y en mis brazos el bebé sigue con sus ojos achinados descansando.

-Cuando mis padres me raptaron, decidieron dar en adopción a mi pequeño Yamato, para ellos, el hecho de que su hija tuviese un hijo con un latino era un insulto, así que lo llevaron al lugar y dejaron una gran suma de dinero para las cuidadoras. Habían comprado boletos para regresar a Tokio. Yo iba en un vehículo con guarda espaldas así que de camino al aeropuerto forcejeé con el conductor y le hice perder el control del vehículo. Nos estrellamos contra el otro coche y ambos se incendiaron. Recuerdo que sentía como mi cuerpo se quemaba, el dolor era horrible. Pero luego me vi a mi misma desde la distancia, veía mi cuerpo arder. – no sé si mi amiga creería la siguiente parte pero, debo contarlo igual.

» A mi lado, vi a mi abuela, ella murió hace muchos años, es difícil de explicar, pero era ella. Se acercó a mi y me dijo que debía vivir, que debía salvar a Yamato, tomó mi antebrazo y me acercó a la chica que estaba en el otro vehículo, me dijo que la chica ya no estaba, se había ido, pero yo podía volver. Recuerdo que mi abuela siempre tenía consigo un amuleto colgado en su ropa, en forma de media luna, ésta vez la tenia yo donde ella me había tocado como una tinta bajo mi piel. Así que toqué el cuerpo de Rita y toda mi esencia entró en ella. Ya mi cuerpo no era el de Rei Wang era el Rita Carvajal; luego llegaron todos los paramédicos.

Mi amiga permanece callada, no dice nada, pero sé que me cree y está aterrada. No es fácil de procesar, si yo no lo hubiese vivido, quizás no lo creería tampoco. En mi antebrazo izquierdo mi marca de media luna me recuerda el motivo por el cual hice todo esto.

-Mi abuela nunca me comentó ser bruja o algo por el estilo, pero siempre me dijo estaría conmigo y me ayudaría a ser feliz. Meditaba durante horas y siempre decía tomaba sus energías del árbol de cerezo... Marie, te agradezco todo, sin ti no hubiese podido con todo esto. – mis ojos se inundan de lagrimas una vez más. Sin duda mi abuela me había dado una nueva oportunidad de vivir, un nuevo camino, ahora debía meditar que haría con él.

-¿Entonces fue todo gracias a tu abuela?

-Eso creo. Ahora que mi memoria está completa, recuerdo que nos trasladamos a este país porque mi madre no quería que mi abuela siguiera en su trabajo. Nunca me lo dijo directamente pero cuando estabamos en el avión los escuché hablar y discutir, según lo que entendí mi Nana había desencadenado la ira de un gran señor, lo había dejado sin riquezas, le quitó todas su energías y lo destinó a la pobreza y el abandono, porque era un ladrón con traje como decía mi Niya. - en su momento me dio mucho miedo, pero le pregunte al día siguiente todo a mi abuela cuando estabamos solas y solo respondió que hay personas que hacen con sus artes cosas muy malas, ella únicamente trata de enmendar errores y buscar el bien.

-Rei pero, ¿cómo le dirás a Rubén?- su pregunta no la sé responder aún, pero debe haber una manera y al hablar con él la descubriré. Nos dirigimos una vez más al lugar donde era mi hogar. Las luces están apagadas, ya es más de la media noche.

Tocamos fuertemente en el piso inferior y pasado unos minutos Rubén abre la puerta, esta vez aseado.

-Así que han decidido volver muy rápido- su voz está un poco más calmada, con menos dolor quizás.

-Rubén traje algo que te hará feliz. – le digo, me acerco a él y le pongo en los brazos al bebé, sus ojos se llenan de alegría y felicidad. Besa y mima a Yamato, lo estrecha contra él y llora inconsolablemente.

A las tres de la mañana estamos sentados nuevamente en la sala de estar. Esta vez está conmigo Marie. En vez de cerveza tenemos tazas de café en nuestras manos.

Rubén ha dejado de llorar, Yamato duerme en el que fue y es su habitación. Me mira con extrañeza, quiere saber que sucede, él sabe que nada de esto ha sido coincidencia.

-Llego la hora de decir la verdad. – sus ojos están aún rojos después de tanto llanto. -bien, Rubén, todo lo que diga será un poco extraño, pero debes saber que soy honesta, no miento. Si no me crees no te juzgaré. – veo a Marie sentada en el mueble frente a mí. Su mirada se ve cansada, aun así me incita a seguir adelante. – yo me desperté hace dos semanas en un hospital, no recordaba nada de mi vida, solo mi nombre, el cual era Rei Wang… - le cuento todo, desde como llegamos hasta él hasta como rescatamos a Yamato del orfanato. Su mirada es tranquila, en ocasiones siento como su cuerpo se tensa, pero se relaja inmediatamente. - No sé como vaya acabar todo esto, pero solo hice lo que mi corazón creyó era lo correcto. Y no hubiese logrado nada sin Marie.

Rubén me mira se acerca a mí y me abraza durante un largo rato. Mi cara debe ser de perplejidad, aunque es sin duda una de las sensaciones más placenteras que he tenido.

-¿Crees que no me di cuenta que eras tú?- me dice aún abrazándome. – no lo supe siempre pero, si en cuanto te fuiste.

Se separa de mí y me observa durante un buen rato. – cuando te ibas, no sé explicarlo, pero te vi, te vi cuando me abrazaste. Sentí que eras tú, y me diste esperanza de seguir viviendo y luchando por Yamato, pero no sabía que sucedía. Y soy feliz de tenerte conmigo una vez más.

Sin creer como se desenvolvió todo, sin asimilar todo por lo que había pasado, supe que todo estaba bien ahora.


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Vida desconocida | Ecency