Una noche de diversión con Miguel

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La música suena en todos los altavoces a todo volumen, las personas siguiendo el pegajoso ritmo iluminados por cientos de luces.

El lugar huele a alcohol, sudor y diversas esencias de los narguiles que están sobre una pequeña tarima, donde los adinerados se sientan a contemplar a los danzantes.

Miguel está dentro de esa multitud de jóvenes, pero no baila, él solo espera. Está sentado en un taburete mirando a su alrededor, mientras sorbe con su pajilla de un vaso que no contiene mas que coca fría.

Una chica, de unos veinte años se sienta frente a él, sus ojos están rojos, sin duda se ha divertido demasiado esa noche.

-¿Quieres bailar lindo? - Le pregunta, con una voz algo adormilada, arrastrando las palabras. Miguel solo niega con la cabeza y la joven se va con la moral herida. Pero a él todo eso no le interesa. No fue a buscar chicas, ni a bailar, ni a tomar.

Solamente tenía un objetivo, vigilar. Y no a cualquiera, sino a una joven que estaba danzando en el centro de aquel lugar. Era hermosa, tenía un cabello rubio que brillaba con cada movimiento de aquella pequeña mujer. La chica sonreía y seguía moviendose como una serpiente. De la nada un hombre alto, fornido llegó hasta la altura de la joven, la tomo del brazo y empezó una furtiva danza algo exagerada.

Miguel sabía que debía intervenir, su tiempo de actuar había llegado. Así que empujando varios cuerpos sudorosos llegó a la altura de aquella pareja y sin medir palabras empujo al fortachón.

El hombre iba a responder aquel acto con un golpe pero las luces iluminaron la cara de Miguel y de inmediato se retracto y se marchó, dejando a la chica desconcertada.

-Solo quiero bailar- Le dice el ahora sonriente Miguel.

La chica sonríe, disfruta de la atención, se siente especial, así que bailan, se mesen al son de la música. La joven huele a alcohol, a cigarro y sudor, tiene el pelo mojado de tanto bailar, y sus pies pisan a todos a su alrededor.

Sin meditarlo, Miguel la besa, y ella se funde en un beso apasionado pegando su cuerpo contra el de un joven desconocido. Pero aquello no le importa, lo ha hecho muchas veces como para que le importe.

-Va... Vamonos de aquí... - le dice al oído al chico arrastrando las palabras. Él sonríe, ha esperado por eso toda la noche. Salen por la puerta delantera donde el vigilante le ofrece una sonrisa cómplice a aquel muchacho. Ha salido tantas veces de aquel lugar que ya todos lo conocen, ese es su dominio.

La chica camina delante de Miguel dando tras pies, hasta llegar al coche, donde se sube cantando a gritos la canción que suena dentro del club. Siempre sonrie, no sabe a donde se dirigen, no sabe cuanto tiempo pasan cuando se detienen frente a un edificio viejo y desvalido. Pero ciertamente aquello no es que la alarme, ha estado con tipos en lugares peores, solo quiere diversión...

Así que sube gustosa cada tramo de escalera, entra en la puerta que Miguel le abre para ella manteniendo su sonrisa. Se tira a la cama y empieza a desvestirse, quiere provocar a aquel hombre desconocido para que le proporcione placer durante unos minutos al menos.

El chico le sonríe y juguetonamente amarra sus manos a la baranda de aquella sucia cama, luego sus pies y la chica gime en el proceso, está gustosa. Quiere que jueguen con ella, y Miguel lo hace, se divierte durante toda la noche.

Tres días después el nombre de aquella chica aparece en todos los diarios de la ciudad, su cuerpo sin vida fue encontrado flotando dentro de una bolsa en un río. Estaba desmembrada, mutilada y quemada.

La noche si había sido de diversión, lujuria y pasión, pero solo para Miguel.

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