Una desconocida herida en las calles

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Caminar debajo de la lluvia me tranquiliza. Nunca había experimentado tal dolor, y el agua, corriendo por mi rostro me relaja.

Se lleva la sangre que poco a poco gotea de mi sien, rodando por toda mi inflamada mejilla.

La calle está iluminada irregularmente por diversas farolas que proyectan su luz amarillenta en el agua que se desliza por todo el pavimento, arrastrando hojas y basura. Mis zapatos están totalmente empapados al igual que mi ropa, pero no me importa.

Camino y danzo, dando vueltas bajo la lluvia. Estoy feliz, estoy extasiada.

Veo como un grupo de chicos se aproxima a mí corriendo bajo el fuerte aguacero que nos empaña la visión, aunque eso no me impide ver como uno de los chicos me mira con extrañeza. Con mi aspecto debo parecer una loca.

Aún así, el otro joven se detiene en cuanto me ve. Poco a poco se acerca a mí, que he quedado estática debajo de uno de los aros de luz proyectados por el alto farol.

Siento como analiza mi rostro, como ve cada moretón, cada hematoma, y la sangre. El otro chico le hala la mano y le pide continuar caminando, pero él se resiste.

-¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? - Su mirada es sincera, ojos brillosos que me hacen sentir en confianza. Le sonrío tratando de informarle que estoy bien, pero creo que eso solo sirve para alarmarlo aún más.

Sé que me faltan dientes, los he escupido hace ya mucho rato, en un charco de sangre.

-Sí, estoy bien - respondo tratando de calmar su angustia.

-Creo que debemos llevarte a la emergencia, estas... sangrando- dice el chico. Mientras su compañero sigue halando de su mano cada vez más insistente.

-Ya podré ir yo sola- Le digo y sigo caminando dándole la espalda a aquellos desconocidos. Sin embargo cuando he dado cinco pasos pierdo la fuerza de mis piernas y caigo en un charco de agua y golpeando mi cabeza nuevamente con el asfalto.

Escucho vagamente como unos pasos se acercan corriendo hacia donde estoy. Pero mi visión es borrosa. Siento como unos brazos me cargan y mi cuerpo ya no se resiste a nada, no me quedan fuerzas para luchar, pero ya no hace falta, así que me dejo abrazar por la oscuridad.

Despierto en un lugar con mucha luz. Cuando alzo la cabeza, estamos entrando en la sala de espera de la emergencia. Caminamos hacia el mostrador, y veo el rostro del chico que se ha preocupado por mi y es quien me lleva cargada.

-Por favor, diles que me he caído, que soy tu amiga. - le suplico. Lo menos que pueden decir es que me han encontrado vagando por una calle yo sola.

El chico deja de caminar, me mira largo rato, veo duda en su expresión pero todo cambia a seguridad cuando se dirige a la rechoncha enfermera que le habla desde el mostrador, repitiendo la misma pregunta una y otra vez.

-¿Qué le sucede a la joven?- por lo visto está de mal humor, pero eso no impide que el chico hable amablemente.

-Pues... ella... se ha caído, estábamos en mi casa, y se resbaló por el mojado piso y cayó por las escaleras. Hemos corrido inmediatamente hasta acá. Es mi amiga, por favor ayúdenla.

-Bien, sígame- dice la enfermera y nos guía a unos pequeños cubículos con cortinas colgantes y una camilla. El chico me coloca delicadamente en la cama y luego de que se va la enfermera me pide le diga que me sucedió realmente.

Sin pensarlo ni analizarlo, sé que puedo contar con él. Me ha ayudado, aún sin conocerme, y ha mentido por mí.

-Esto fue mi ex novio. Me ha golpeado, siempre lo hace, por eso lo he dejado, pero me ha buscado y me ha golpeado por ello. Por eso no puedo decir que sucedió realmente, investigarán... no es lo que... deseo en este momento. - Sé que aún hay dudas en su mirada, pero asiente, y creo que lo que le he dicho le basta.

La enfermera regresa con una tabla de apuntes.

-¿Cuál es tu nombre?- Pregunta mientras me ve detenidamente.

-Miranda Blasco, tengo veinticinco años, nací en Las Américas el dieciocho de Enero de mil novecientos noventa y cinco. Soy estudiante de hotelería. Y vivo en la avenida nueva Cáliz.

-Bien, una chica que habla completo. Ahora dime que te sucedió. - Siento su mirada escrutando cada parte de mi cuerpo.

-Pues... - trato de recordar rápidamente lo que ha dicho mi nuevo amigo y evito mirarlo, lo menos que quiero es que piensen que miento. - Estaba en casa de mi amigo, nos reunimos para cenar, y habíamos derramado soda, así que el trapeó y yo no me fijé cuando iba al baño... así que resbalé, y caí por la escalera. Me desmayé unos minutos y recobré el conocimiento cuando estaba aquí.

La mujer nos mira tentativamente de uno a otro. Luego finaliza con un "bien" y se marcha.

Suspiro. Volteo a ver al joven.

-¿Cuál es tu nombre?- le pregunto.

-Julian Mota, un gusto querida Miranda- me responde sonriendo.

Han pasado alrededor de cuatro horas, me realizan muchos estudios, me limpian y vendan mis heridas y me recomiendan acudir a un odontólogo que me ayude con mi dentadura.

Cuando salgo del pequeño cubículo, encuentro a mi rescatista en la sala de espera, está sentado con su amigo quien se encuentra evidentemente exasperado.

-Tenía que asegurarme que estuvieses bien- me dice sonriendo y me ofrece su brazo como apoyo. Empezamos a caminar hacia la puerta, pero nuevamente la enfermera llega hasta nosotros.

-Necesito que vengan conmigo- dice la mujer. Su rostro está contraído, con ella vienen dos seguridad. Miro al chico y no suelta mi mano, así que soy escoltado con él a mi lado hasta un pequeño cuarto.

Adentro encontramos a dos oficiales, me piden me siente.

-Bien, hemos venido hasta acá buscando a alguien que se llama Miranda Blasco, me dicen que es usted ¿Es cierto?- pregunta un oficial que es moreno como de cincuenta años.

-Si, ese es mi nombre. - trato de mantenerme serena.

-Pues, la buscamos debido a que su pareja, el señor Miguel Contreras fue encontrado muerto en su departamento el día de hoy.

-¿Muerto? ¿Pero que le ha sucedido?- trato de transmitir sorpresa.

-Eso es lo que queremos que usted nos diga señorita- responde el segundo oficial, este es más joven, tiene el pelo negro y cara llena de granos. El otro oficial le hace una seña y el hombre se calla.

-Disculpe a mi compañero señorita, lo que queremos saber es ¿cuándo fue la última vez que usted vio al señor Miguel Contreras?

-Bien, realmente hace tiempo que no somos novios, rompimos hace dos meses. Y desde ese entonces solo lo vi... La semana pasada en mi trabajo cuando fue a buscarme.

-Y ¿Si habían terminado, por qué él la buscaría a su trabajo?- La expresión del rostro del oficial es relajada, sin embargo, siento que tiene más información de la que ha dicho, así que digo:

-Porque insistía en pedirme que volviéramos. Me insistía incluso por mensajes de texto, llamadas, he tenido que cambiar mi número telefónico. - Respondo diciendo la verdad.

-Efectivamente hemos encontrado su móvil en la escena del crimen y realmente están muchos mensajes hacia usted. Dígame ¿Que le sucedió a usted? pues, dada las condiciones, es un poco extraño que se encuentre en un hospital mal herida.

-Fue un accidente, estaba con mi amigo Julian, en su casa, cenábamos pero me he resbalado porque el piso estaba mojado y he caído por las escaleras así que él me ha traído. -

-¿Y dónde es ese lugar señorita?- sin duda alguna, siempre es bueno estar preparado, por eso le he preguntado lo máximo posible a Julian antes de ser atendida. - Él vive en la avenida Libertad, con el cruce de la trinidad, con Orlando, nuestro otro amigo, que también está afuera. -

El oficial me analiza pero parece satisfecho con mi respuesta.

-Le pediré que salga un momento de la habitación, para hablar con su amigo, señorita. - Obedezco, y espero impaciente fuera de la habitación mientras interrogan a Julian, luego a Orlando.

Según el oficial todas las versiones concuerdan así que nos dejan marchar.

Caminamos en silencio hacia el estacionamiento, siento como el ambiente está tenso, así que cuando llegamos a la parada de autobús, Orlando me enfrenta;

-¿Qué carajos ha sido todo eso? hemos tenido que mentir por tí, afortunadamente Julian me ha contado lo que han armado antes de que nos interrogaran. ¿Qué carajos hiciste? ahora somos cómplice de un crimen.

-Orlando cálmate, ¿vale?- interviene Julian metiéndose entre Orlando y yo, que se ha aproximado tanto a mí que siento su aliento en mi rostro. Cuando el alterado chico se aleja, él me mira y con voz suave me pregunta -¿Qué sucedió realmente miranda?

Suspiro, me siento en la banca y les cuento todo. La manera insistente en que mi ex pareja me acosaba, hasta que cambie el chip y empezó a acudir a mi lugar de trabajo, tuve que dejarlo y me había mudado al departamento de una amiga. Pero ese día me encontró, yo corría en el parque y él llegó y me arrastró a su camioneta, me llevó a su casa y me pidió volver. Me negué rotundamente, así que empezó a golpearme, pero me defendí, por primera vez me defendí. Tomé el atizador de la chimenea y se lo clave en el cráneo cuando se aproximó a atacarme. Cayó muerto inmediatamente, así que lloré durante mucho tiempo. Como sabía que me encerrarían en prisión, he limpiado todo el lugar, tratando de no dejar huellas, incluso trapee la sangre debido a que estaba la mía también. Y lo metí en la bañera y le arrojé cloro por todo su cuerpo, tratando de eliminar cualquier rastro de mí.

-...Y luego me he marchado. Y es cuando ustedes me han encontrado. No podía decirle eso a unos desconocidos, me creerían loca, pero no entienden todo lo que he vivido. Por favor, no me delaten - Siento como las lágrimas corren por mi rostro, no sé cuándo he empezado a llorar pero solo quiero termine este día.

Veo como los chicos se miran, Orlando mosqueado, se remueve el pelo una y otra vez, pero veo que los hombros de ambos se han relajado. Se miran y sé que para ellos eso basta para comunicarse porque ambos concuerdan ayudarme.

Solo así, deciden ayudar a una desconocida a ocultar un crimen, solo así deciden proteger a una asesina.

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