El lugar donde resido, a pesar de la devastación, cuenta con muchas maravillas de la naturaleza. Algunas han sido olvidadas, están destruidas, pero otras solo nos siguen deleitando.
Yo vivo en Venezuela, Isla de Margarita. Es un lugar muy conocido por sus maravillosas playas. El día de hoy les presentaré algo que para mi es majestuoso, que me llenó de vida, alejó mis miedos y me hizo querer ir a más a menudo a disfrutar de lo que gratis me regala la madre naturaleza.
Y es que quizás disfrutamos de los beneficios y desventajas del rey astro cada día. Incluso nos quejamos de cierta medida de sus estragos con nuestra piel y el calor que nos produce. Pero, pocos nos detenemos a mirarlo.
Y es que de día, mirar su esplendor se vuelve imposible sin los recursos adecuados.
Sin embargo al caer la noche, y morir ahogado, su esplendor puede deleitarnos.
Entre mágicos colores naranjas y rojizos, baña e ilumina. Nos da gozo y su esplendor puede generar incluso algunas lágrimas. Nos despide con belleza y optimismo, dejando la promesa de que un nuevo día se aproxima.
Las fotos fueron tomadas por mí en el fortín de la Galera.
Magia y esplendor.
Cuanto quisiera bañarme en tu belleza,
tomar de tus destellos y purificar mi día.
¡Dichosa estrella que me da vida!
Mares de lava y fuego danzando cada día,
desprendiendo con ira lo mejor de tu algarabía.
Cuan preciado es tu regalo,
Cuan anhelado por el que olvidas.
Si no estás, me pierdo en la plena oscuridad.
Si hoy te apagas, solo queda despedirme.
Tú, danzante eminencia, que me bañas y me alegras,
dándome tu fuerza en cada amanecer.
No te vayas, no te alejes.
Que en tu ausencia soy un témpano,
perdido, seco y frío,
uno que se deshace ante tu recuerdo.
Imágenes: Autoría propia, 2020
Cámara: Samsung J7 pro, 13 megapíxeles.
Gif editado por autor, en programa Photoshop Cs5