Mi inspiración se ha convertido en ver el cielo con la palma de mis manos,
ha tomado infinidad de formas abstractas;
mi inspiración ha sido orar como quien cree en la religión,
de beberme la vida, como si fuese un vaso de limón y ron.
Mi talento ha practicado
cien veces y de tanto en tanto.
Últimamente he dicho más de lo que he querido;
pero he querido más de lo que había podido.
No he ahorrado ni he escatimado
ni una sola palabra ni pequeña oración,
te he dicho exactamente lo que me ha nacido,
me ha nacido expandir el pecho y respirarte,
algo extasiado por tu olor.
Hace poco me comentaste entre una cosa y la otra
que deseabas intimar conmigo,
algo insólito, pues ha sido
la primera vez que alguien ha querido
con mi alma encausar un río.
Has ido, has vuelto y he escrito
cien frases cortas, volátil y enrojecido.
Escribir es una condena para el que no sabe hablar,
pues expresa más de lo que es debido.
Cien veces he besado;
cien veces me he dormido en brazos de desconocidos.
Tengo facilidad de tocar sin amar,
primera vez que deseo primero amar.
Cien veces he estado
con dioses, maestros y cuerpos despojados de toda gracia,
solo llenos de vacío.
Primera vez entre cien, que fluye en mí la idea de echar raíces y crecer.
Proyectarme una y otra vez, yuxtapuesto
al futuro incierto.
Intimar mil veces con los astros dispuestos
a que tu alma y la mía tomen sangría, vino y alguna que otra exquisitez de puerto.
Cien veces y más.
En la intimidad de los números del calendario;
transeúntes del azar,
deseo sentirnos pasar
lentamente.