Celebremos la amistad

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Cuando eran pequeños y vecinos, se empezaron a ver como familia. Calle arriba y calle abajo, que si para la plaza, que si para el río, en el pueblo que les vio nacer. Nacen las complicidades, los cuentos y hasta las mentiras. Rodeado todo de la fantasía que solo los niños suelen tener.

Todos tenemos un amigo o amiga de la infancia con el que además de juegos compartimos casi todo. A veces son primos.
No falta una pelea o diferencias, pero nos vamos sintiendo tan cercanos y aprendemos a quererlos tanto que se hacen como imprescindibles.

Siempre existe el más vivo, el más acusón, el más llorón. Así somos, vamos creciendo y comenzamos a tener compañeros de la escuela, liceo y Universidad y esa interacción nos hace ir recolectando amigos.
A otros los vamos dejando en el camino.

Los que se quedan en nuestras vidas son los mejores, parlanchines, solidarios, chismosos y complejos.

Nuestros espejos sin duda.

Yo tengo mi amigo de la infancia, Alonzo, que siempre ha estado ahí para lo que salga.
Y una colección de amigos de la vida pues sería un ser incompleto sin ellos. Cada uno con sus diferencias se hace útil para nuestras vidas.

ALONZO Y BERTA.jpg

Son invalorables.

Celebremos la amistad.

                                       Berta Ramirez - Abril 2018