Este fin de semana descubrí un hermoso al que fui hacer una de las cosas que más disfruto, hacer fotos
Fui con una gran amiga a este bello lugar y lo más increíble para mí fue que era un sitio que teníamos super cerca de nuestras casas y que nunca habíamos notado, aspecto que nos impactó con mayor razón.
Todo esto me llevó a pensar en todas las veces que nos perdemos de cosas maravillosas que tenemos en frente por el simple hecho de estar en piloto automático.
Lo mejor de todo fue que era un espacio natural, en el que todo resultaba aún más bonito por el mero hecho de formar parte de algo que está ahí básicamente gratis para cualquiera, es decir, se puede acceder a ello sin tener que pagar o hacer un gran esfuerzo y lo mejor de todo es la sensación de plenitud que produce el estar allí aunado al hecho de poder lograr unas hermosas fotografías sin tener que ir muy lejos.
Esto me hizo reflexionar: cuántas cosas nos estaremos perdiendo diariamente por no ver más allá de lo que solemos ver constantemente, por quizá dar todo por sentado y no considerar los regalos que la vida nos ofrece, tal vez lo que tan solo debemos hacer es tratar de ver las cosas desde una perspectiva diferente cada día para poder notar, es decir, poder ver de un modo diferente; quizá sea allí en donde podremos notar esos detalles importantes que se encuentran implícitos en la vida.
Una de las cosas que me llevé de ese gran día fue que a veces nos dejamos llevar por la rutina sin detenernos a pensar que tal vez, la verdadera felicidad esté en esas cosas sencillas del día a día, tal como: dar un paseo, en compartir un café, una conversación, un abrazo o una risa espontánea. A veces nos preocupamos por cosas que no son realmente importantes, dando por sentado otras que, en realidad, son las que nos generan la auténtica felicidad.