Alguien me dijo alguna vez que debía cambiar mis temas, que siempre escribía sobre el proceso migratorio, que tal vez estaba saturado, y ciego por la misma situación. Esas frases que la gente te suele decir al azar, descuidadas, o frívolamente mientras se toman una cerveza, pero que para los que de alguna manera escribimos se quedan acompañándonos un tiempo largo. ¿Es necesario? Me hago la pregunta, y un “sí” rotundo brota desde mi interior, la crisis que vive mi país natal me acompaña en cada segundo. Supongo que la condición de exiliado es una fuerte obsesión, que lo diga Sócrates que prefirió la cicuta, Hamlet, Romeo, Próspero, Ulises o el mismo Benedetti que escribió aquel poema glorioso vuelvo…” QUIERO CREER QUE ESTOY VOLVIENDO”. Vivo aullándole a la luna de un país que en mi subconsciente más profundo me susurra cada noche, girar el rostro me convertiría en un simple traidor. Pasa el tiempo, y me hago más insoportable, la cama se vuelve más desordenada, las cuentas por pagar se acumulan, me aferro más a mi soledad egoísta, me hago más inútil, y ese instante meditativo que le hablo a una Caracas que habita en mis recuerdos de las torres de parque central me calma, la nostalgia me calma, me canta como una canción de cuna que me conecta con esas personas que viven y luchan detrás del horizonte, del otro lado del mapa, la familia. “El paso del hombre por el arte, es su paso por la vida” allí el punto más importante de las cosas que escribimos, eso soy ahora, un migrante que camina por las calles de países desconocidos, Chile, Argentina, España, México, cada uno de ellos me regala un capítulo más de esta novela que desconozco. Historias desviadas, flotando en un naufragio, cada uno de nosotros tiene un rostro de Ulises, un rostro de aquel que perdió a una Ítaca, y con ello perdió una amante, un amigo, un trabajo, una carrera, una familia, una calle, un verbo. Cada artista es una víctima de sus propios temas, porque no tiene la voluntad de elegir, los temas aparecen, nos eligen, nos secuestran, sin nosotros poder opinar, no querer entenderlo, es simplemente querer salvarse, es simplemente rendirse, es simplemente ser un cobarde. Esta noche podría escribir sobre los premios de la academia, hablar de que Guillermo del Toro ganó dos estatuillas por una película de mierda, o que Gael García Bernal no es un gran cantante, que el doblaje de los premios es insufrible…pero realmente no se me hace necesario, de todas formas confieso que los premios de la academia me aburren…en fin, preparo mis página y en un sueño literario seguiré redactando lo que quizás en algún futuro algunos colegas tan tercos como yo llamaremos: “ LA DRAMATURGIA DEL REGRESO”