Me vuelvo invisible y te haces feliz,
la tierra se esparce en verdor ante tu presencia,
yo te miro de reojo y sé que no debo decir.
Mis libertades se fueron de juerga,
me miras con desdén y esperas atención,
envuelto en silencio me fumo la espera.
El licor pasa por mi lado y no hay emoción,
me toca conducir ¡Tal vez sea la manera!
Me nombras delicadamente, al cabo de unas horas
y con una sonrisa pendenciera, pides que confirme una mentira
para que tus nuevos amigos te crean en "onda"
y luego yo vuelvo a la oscuridad de aquella ignota vitrina.
Me pierdo en canciones que solo suenan en mi cabeza
toqueteo el teléfono con muy poca destreza,
me emborracho de agua, me fumo de nuevo la espera.
¿Por qué tengo tantas ganas de no estar aquí y no cruzo la puerta?
No hay comida que ma haga bien,
no hay nadie con quien conversar de trivialidades,
todos están junto a ti, porque eres quien
les das la leña para alimentar el fuego de sus vanidades.
Te miro de reojo y te sorprendo mirándome
una sonrisa sin autoestima ilumina mi cara
me hablas con los ojos y quiero acercarme
pero solo querías que algo que la sed te quitara.
Con las manos en los bolsillos
camino sin ritmo por aquel salon atiborrado de gente,
salgo al balcón a mirar la ciudad y sus ruidos
y perdido en las azoteas dejo de respirar de repente.
Me abandono en suelo, la gente pasa sin pisarme
el aire entra con dificultad, pero no logro asustarme,
miro al cielo, buscando la estrella a la que le entregué mi ilusión,
vuelvo la vista, te busco y no puedo encontrarte,
vuelvo a respirar sin problemas aunque no quiero levantarme,
no quiero morir de soledad, pero no quiero encontrarme
y decirme a la cara la verdad que titila en alto contraste:
que tu amor es una soga que rodea mi cuello y quiere matarme.