Entre todas las posibilidades que ofrece el universo,
con la constelación de respuestas para las infinitas preguntas,
con la estadística parcialmente de su parte,
yo, he decidido que ha llegado el momento de colgar los guantes.
Ya no peleo más en una guerra que no me inventé
una guerra que francamente no ofrece tener ganador,
ya no quiero más volver la desgracia de querer
dejarme arrastrar a las arenas movedizas del amor.
He renunciado a perseguir el horizonte que no deja de alejarse,
ya no quiero los poemas, las rosas y las canciones hechas para enamorarse,
nada compensa la desolación y la agonía.
Renuncio al amor y a toda su comparsa de ironías.
Ya no quiero viajar por el camino tormentoso donde sólo el final es dulce
racionando la felicidad para que alcance para una travesía que no he planeado;
es un fraude, una mentira, una ilusión que inventaron unos desalmados
para ofrecer la lastimera esperanza para intentarlo en un eterno bucle,
y renacer de nuevo contra los mismos contratiempos pero con experiencia,
y aún así se tropieza, porque para el amor sólo hay inocencia.
Renuncio a la prisión de la libertad que tengo para amar,
no es libertad si debo a mis sentimientos secuestrar,
quiero viento en mi cara, un destino incierto y caminos alargados,
quiero canciones alegres, rosas de todos colores, sólo en el campo
renuncio a los boleros y al licor en nombre del abandono,
brindaré eternamente por la oportunidad de no amar de ningún modo.
No quiero de nuevo caminar con las llagas del desengaño en la planta del pie,
se me agotó esa fuente donde manaba la obsesión de hacer querer.
Ya no me hace falta una mano para admirar la belleza del ocaso
ni la aceptación para poder hacerme el gracioso,
el amor resultó ser sólo una guerra sin cuartel,
donde se condiciona lo que das, lo que recibes y lo que crees.
Ya no quiero más, vivir de la ilusión de que algún día llegará,
la felicidad de la mano de alguien ideal,
que destapará la pintura hermosa que la vida ha preparado y que se llama felicidad;
son puras patrañas de literatos de mucha imaginación
y que el mundo ha comprado como un boleto a la redención.
El amor no es más que una utopía,
y por más que luches, es una batalla en la que jamás vencerías,
por eso he renunciado a los cantos de las golondrinas,
al sufrimiento de la desdicha que se ha quedado el el lugar donde había,
una persona desconocida que creyó como yo,
que el amor, era todo lo que de la vida quería.
Foto propia