Se derramó la copa con el vino que aún no había probado,
me recordó a la vida que una vez juntos conjugamos
en un presente perfecto, grande, largo y con sueños,
los mismos que se derritieron en el calor de los desencuentros.
Te recuerdo a veces mirándome como a los desconocidos,
lejanos, ausentes, llenos de miedos y sin destino
me duermo pensando en lo triste de aquellos momentos
y abrazo la almohada soñando que aún sigo despierto.
La soledad se pasea oronda por mi casa desierta,
se acuesta a mi lado y mientras leo acaricia mi pelo,
no la siento, pero se que está, no la veo, pero se donde va,
me invento sonoros poemas para poder despertar
y alejarla de mi antes de que me empiece a estorbar.
No sé mendigar aquello que no espero tener,
mi vino se derramó de nuevo sobre el mismo mantel,
donde lloraste y pediste el perdón que quisiste poseer.
Ya no te extraño más. Tu soledad se marchó.
Sobre mi cama el amanecer frío no llega nunca,
es raro saber que alguna vez tu aliento me besaba la nuca,
pero no estás, ya te fuiste y dejaste memorias
que se evaporan como el rocío, que se pierden como la penumbra
y se que ya es tarde para empacar tus miserias
hago un esfuerzo por acostumbrarme a mis pies descalzos en la hierba
pero el amor se derramó como el vino en la mesa
y no lo pudimos rescatar. Todo fue una pérdida.
Se apaga la vela donde guardaba tus últimas palabras,
las que me dijiste, las que guardaste, las que matabas
en el estanque hondo y oscuro de tu indiferencia
todas las que yo quise escuchar en mis tristezas.
Pero todo es ahora un punto y aparte, yo sigo aquí
y me consuela pensar que has seguido con tu parte,
esta soledad discreta es muy buena para mi,
no me exige tiempo y me aleja mucho más de ti.
Ya no te extraño más. No tengo por qué mentir.
Foto propia