Puedo verte tras las rendijas de mis inseguridades,
mordiendo mis uñas y recordando mis temores,
imaginando que me desnudo ante ti
y mis emociones arrugadas en cualquier rincón
luchan por tapar la fealdad de esta declaración.
Intenté muchas noches la fórmula para hacerte reír,
probé cada maldita forma para poder acercarme,
tenía apuntadas las excusas más convenientes
y la ropa más adecuada para no ser invisible.
Pero, siempre para ti, fui necesariamente prescindible.
Caminé sin destino por el sendero de la decepción,
en mis manos vacías se me derramaban las penas,
era una pesadilla verte a cada paso que daba
y conservar la certeza de estar perdiendo el tiempo,
me ignoraste a mas no poder. Desechaste lo que siento.
Pude colarme en tus sueños y velar tu descanso,
ser tu héroe en la cotidianidad y tu caballero soñado,
pude tener para ti las sonrisas en el armario
para que cada día lucieras una sin desperdicio.
Por todo lo que quise darte llegué hasta el sacrificio.
Quise odiarte por tu ignominiosa actitud,
pero debo confesar que no me abandonó la esperanza,
se me colaba bajo la piel un atisbo de probabilidad,
que luego se desvanecía cuando te tenía en frente,
de verdad que te quise amar, pero estuviste ausente.
Pero, un día de tanto llorar cerré la ventana
me despedí del idealismo de tu persona,
quemé todas las cartas que no llegué a mandarte
y cerré para siempre la puerta hacía tu nombre.
Me desnudé ante mí, ya no soy el mismo hombre.
Aprendí que no se ama sobre el maltrato,
no hay cariño que se cimiente en el desprecio
todo fue una farsa que me construí sin creerlo
por un miedo atroz a vivir en soledad.
Hoy ya no hay miedo, no hay lastima, ni piedad.
Camino descalzo y no espero ser caballero,
ni ser soñado en las alcantarillas de la costumbre,
el amor yo lo entiendo como libertad pura
aquella que pudiendo elegir, decide quedarse.
Que cuando puede huir, prefiere desnudarme.
Foto propia