Amado mío, hay pensamientos en mi mente que me llenan de una pasión desbordante, con el firme hecho de quererte. Tus caricias son como el rocío de la mañana, con el aire fresco y el sol a medias, son como estar en una piscina llena de cojines aterciopelados todos de vivos colores, con olor a madera, a un libro nuevo, a las hojas frescas mojadas por la lluvia. Los lirios del campo florecen al escuchar tus dulces melodías en las madrugadas bajo el silencio de una ciudad dormida que no se acuerda de los amantes empedernidos en la oscuridad, alcanzando a ver sus cuerpos con el reflejo de la luna llena dispuesta a paralizar el tiempo para que los amantes unan sus almas en la energía del placer, sintiendo el fuego que los consume y los atrapa a través de un recuerdo, de una canción, del sabor de una lágrima, una palabra sincera, el comienzo de un sueño sin final.