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El principio del fín

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Antonio tenía tiempo investigando, a pesar de que la información que recibía no siempre era la cierta, estaba completamente seguro que algo muy importante estaba por suceder.
Miró a través de su ventana y observó como las personas iban y venían tranquilamente por la acera sin ninguna preocupación aparente, sin embargo él no dejaba de pensar en lo que había descubierto.
Todo comenzó hacia dos semanas atrás cuando por esas cuestiones de la vida se topó con Isabel una joven de unos veinticinco años quien pertenecía a una organización religiosa, la cual desde hacía ya un par de años mantenía la premisa de que el fin del mundo estaba cerca.
Él ya estaba convencido de que el fin se acercaba, pero por las razones totalmente diferentes a las de Isabel, pues en su investigación para un canal de televisión muy conocido en su país, descubrió que el gobierno mantenía oculto la llegada de un cometa a la tierra, ese planteamiento lo manejaban desde hacía ya un par de años y aun la población no había sido informada.
Sin embargo, no fue sino hasta que vio uno de los discos compactos que el pastor de la iglesia estaba repartiéndole a los miembros de su congregación en el cual se hablaba de todos los desastres naturales que se darían y así mismo de la llegada del cometa con la fecha exacta, la cual nadie conocía sólo algunos gobiernos.
Antonio miró su reloj de pulsera, se dijo a si mismo que por lo menos ya no tendría que estar pendiente de si llegaría tarde o no al trabajo, en ese instante su hija entró a la habitación y le propinó un fuerte abrazo como si supiese que lo estaba necesitando, detrás de ella iba su esposa quien al igual que él sabía lo que sucedería en tan solo veinticuatro horas.
Ambos decidieron quedarse en casa, para que huir si no había lugar al cual ellos pudiesen ir para sobrevivir.
En la gran mayoría de los países que prepararon los refugios sólo tenían opción para entrar las personas que el gobierno seleccionó de acuerdo a su profesión: médicos, enfermeras, científicos, profesores universitarios y por supuesto aquellos que tenían el dinero suficiente como para pagar su puesto allí. Antonio abrazó a su esposa, la besó en los labios, se sentía impotente, quería proteger a las dos personas más importantes en su vida, pero le era imposible.
Sus pensamientos le fueron interrumpidos por la corneta del auto de Isabel, quien gritaba su nombre insistentemente, se asomó por la ventana y vio como la joven mujer le hacía señas con la mano, salió a su encuentro y detrás de él su esposa e hija.
-No esperaba verte, creí que estarías en la iglesia -Antonio le dijo con una sonrisa en el rostro.
-Disculpa por no avisar, es que el teléfono estaba muerto y quise venir a invitarte a la reunión de esta noche -hablaba al tiempo que salía del auto para propinarle un beso a él y a su esposa e hija.
-Cuenta con nosotros
Lástima que se habían conocido en circunstancias tan extremas, y que a su amistad le quedaba poco tiempo. La mujer se despidió y antes de irse les entregó a sus nuevos amigos un libro negro, el cual tenía escrito en grandes letras doradas “BIBLIA”.

Durante toda la tarde la pasaron leyendo algunos capítulos de la biblia, Antonio, no sabía por qué nunca la había leído, él y su esposa sentían como si toda su vida hubiesen asistido a una iglesia evangélica, se sentían cómodos y con “un no sé qué“ que ninguno de los dos podía explicar.

Durante la noche se sintieron de una manera muy especial, con una felicidad tal que aunque su final estaba cerca no tenían miedo alguno.

Cuando el pastor les hizo el llamado se levantaron los tres como niños pequeños que son llevados ante la presencia de su padre para recibir un regalo, ellos al igual que ese pequeño recibieron un regalo… el de la Salvación.

Esa noche no volvieron a su casa el pastor preparó para toda su congregación de unas setenta personas una gran cena.

Fue una gran fiesta, la música se escuchó hasta el amanecer.

Llegó el momento que todos estaban esperando, el fin para ellos, aunque no el de la humanidad. Ya los estragos de la llegada del cometa se estaban sintiendo por todo el mundo, terremotos en diferentes lugares del planeta, huracanes, maremotos, tsunamis, la tierra completa se estaba quejando y haciéndose sentir, todo lo que el hombre había construido se estaba desmoronando a pasos agigantados. Y por supuesto el pueblo en el cual vivía Antonio no estaba lejos de sentir los ataques de la naturaleza.

Las paredes de la iglesia se mecieron de un lado a otro, Antonio abrazó a su esposa e hija quienes lloraban y aun sabiendo que el lugar les caería encima todos allí se arrodillaron levantaron sus manos al cielo, sabiendo que Dios tiene el control de todo y que está a nuestro lado en los momentos más difíciles, comenzaron a cantar, un hermoso himno que les costaba mantener en sus labios, pero que entonaron a gran voz… SEÑOR MI DIOS al contemplar los cielos el firmamento y las estrellas mil, al oír tu voz en los potentes truenos y ver brillar al sol en su cenit…

A pesar de que la iglesia no quedó en pie, ni una sola piedra les tocó pues en el lugar no quedó ni un alma, todos habían sido llevados al cielo a la presencia de Dios, al igual como los millones de personas que en ese mismo instante estaban orando, esperando su muerte la cual nunca llegó.

Nadie lo notó, nadie les extrañó, nadie les buscó, el mundo estaba convulsionado y no se enteró de que el mismo Cristo había venido por su pueblo. Aunque hubo grandes desastres la tierra se recuperó rápidamente, no fue tan profunda la herida como para no hacerlo. Una nueva era estaba comenzando.
En sólo unos meses ya todo había pasado, y un hombre surgió con gran poder y fuerza, les dio lo que necesitaban y más aún.

El nuevo gobierno mundial, con una sola religión, un nuevo dios… estaban cerca de vivir LA GRAN TRIBULACIÓN como nunca nadie la ha vivido ni la vivirá jamás.

El principio del fín | Ecency