-No digas eso, amado mío. Está bien, tú ganas, te daré mi prueba de amor y todo lo que desees de mí. En pocos días en tu ciudad estaré y lo prometido cumpliré.
-Me alegraste el día, amada mía, al saber que las mieles de tu amor probaré.
El día acordado de la cita llegó; llena de emoción a su ciudad viajó, sin imaginar que la alegría que sentía al conocerlo, regresando del viaje se convertiría en tristeza, pues más tardó en planear emprender este, que en volver de él.
Durante el camino se escribían mensajes por wasap y por inbox, donde había señal de red, acordando el lugar y la hora para encontrarse. Ella viajaba feliz; él se reía de ella.
-Espérame, amada mía, a las cuatro de la tarde en el parque.
-Puntual ahí estaré, amado mío, sin hacerte esperar.
-Llevo puesto un pantalón azúl de vestir, una camisa de cuadros y unos zapatos negros. Además te envié varias fotos mías, por lo tanto, no te será difícil reconocerme.
-Y yo un vestido negro con zapatos cafés. Pero al igual que tú, yo te envié mis fotos y segura estoy, amor, que al estar aquí, sin ningún problema me reconocerás.
-Muy bien, amada mía, ahí te esperaré.
Ella llegó a la ciudad y tomó un taxi para estar puntual en el lugar acordado. Llegó muy a tiempo y ya, sin prisa, se sentó a esperarlo.
Los minutos le pacieron eternos antes de las cuatro. Irónicamente, las manecillas de su reloj parecían girar más lento; con sumo nerviosismo le escribió mensajes para anunciarle que ya estaba ahí.
-Amado mío, ¿ya no tardas en llegar?
-Amada mía, solo unos pasos he de dar, para llegar a aquel lugar, y así junto contigo estar.
Pero al llegar las cuatro de la tarde, los minutos transcurrieron de prisa, y él nunca llegó, dejándola plantada.
Ella al reprocharle su retardo, pasando de las cinco de la tarde, descubrió que él la había bloqueado de sus redes sociales y eso le impidió comunicarse con él. Como última opción a su celular llamó, pero no recibió contestación.
Con dolor admitió que todo se trató de una broma que el malvado le jugó. Secándose las lágrimas, entendió, que de sus sentimientos y de su amor se burló.
Ella regresó a su ciudad quedándose con las ganas de amar. Con el corazón destrozado y con el coraje hirviendo por sus venas, llegó a su casa, se quitó el vestido y lo arrugó tirándolo a la basura. Era nuevo, pero poco le importó.
Trató de olvidar aquel suceso y ya no creer más en las falsas ofertas de amor, por temor de que se tratase de otro amor fantasma.
En su red social, otra solicitud de amistad recibió, de otro hombre que la buscaba pretendiendo obtener su amor, pero sin querer saber de nadie más, esa solicitud eliminó y su cuenta desactivó.