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Amor fantasma

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Ella se enamoró de un amor fantasma, de alguien que nunca existió. Sus ilusiones se las llevó el viento al igual que sus lágrimas, que se confundían con la lluvia al caer.
Una lluviosa tarde de verano, mientras estaba conectada en su red social favorita, recibió una solicitud de amistad. En el perfil del solicitante había una foto de un hombre de cabello castaño y ojos cafés; apariencia nada despreciable a su parecer.
Atraída por dicha apariencia, aceptó su solicitud. No pasaron muchos minutos, en menos de un parpadear ya estaban comunicándose.
-¡Hola bella, gracias por aceptar!
-¡Hola guapo, gracias por agregar!
Se intercambiaron piropos, frases y sonrisas; ella sintió tocar el cielo, sin darse cuenta que estaba por abrir la puerta del mismo infierno.
No se cansaban, pues, de halagarse uno al otro. La ilusionada mujer creyó que al fin había llegado la felicidad a su vida. Sonreía en todo momento, suspirando por él y mencionando su nombre; eso parecía amor de verdad.
Pero olvidó un detalle importante: su enamorado era de otra ciudad, ubicada a poco más de cien kilómetros de allí. Eso no era barrera para ella, pues impulsada por su deseo de estar con él, le prometió ir a buscarlo, llevándole amor a domicilio.
Conforme los días pasaron, y entrados en confianza, ya comenzaban a armar planes imaginando una vida juntos. Ella sentíase la mujer más dichosa del mundo; si las flores que se tiraban fuesen de manera literal, ya no tendrían espacio para plantar jardines, y así mismo, para la miel que destilaron hubiesen necesitado varios galones.
-Amado mío, si voy a verte a tu ciudad, ¿me acogerás en tu lecho para quedarme a vivir contigo?
-Eso ni lo dudes, amada mía, nada me hará más feliz que tenerte en mi casa para siempre. ¿Cuándo vendrás a mi ciudad?
-La semana entrante estaré allí, pero quiero cerciorarme que sea sincero el amor que me tienes, amado mío.
-Totalmente sincero, amada mía, que mi amigo Juan, a quien te he de presentar, es fiel testigo del amor que siento por ti; nos contamos nuestros secretos y, antes de ti, éramos a veces rivales de amores, pero nunca dejó de ser mi amigo.
-Ese amigo tuyo ya ha chateado conmigo, diciéndome maravillas de ti, avalando el amor que por mí sientes.
-Agradezco a mi amigo, de verdad, por ayudarme con esta linda relación, pero para fortalecerla más, quiero hacer el amor contigo.
-No me pidas sexo, corazón, es muy pronto para eso; mejor conozcámonos más, y después veremos.
-Está bien, amada mía, pero si contigo no he de descargar mis ganas, con otra mujer será.
-No digas eso, amado mío. Está bien, tú ganas, te daré mi prueba de amor y todo lo que desees de mí. En pocos días en tu ciudad estaré y lo prometido cumpliré.
-Me alegraste el día, amada mía, al saber que las mieles de tu amor probaré.
El día acordado de la cita llegó; llena de emoción a su ciudad viajó, sin imaginar que la alegría que sentía al conocerlo, regresando del viaje se convertiría en tristeza, pues más tardó en planear emprender este, que en volver de él.

Durante el camino se escribían mensajes por wasap y por inbox, donde había señal de red, acordando el lugar y la hora para encontrarse. Ella viajaba feliz; él se reía de ella.

-Espérame, amada mía, a las cuatro de la tarde en el parque.

-Puntual ahí estaré, amado mío, sin hacerte esperar.

-Llevo puesto un pantalón azúl de vestir, una camisa de cuadros y unos zapatos negros. Además te envié varias fotos mías, por lo tanto, no te será difícil reconocerme.

-Y yo un vestido negro con zapatos cafés. Pero al igual que tú, yo te envié mis fotos y segura estoy, amor, que al estar aquí, sin ningún problema me reconocerás.

-Muy bien, amada mía, ahí te esperaré.

Ella llegó a la ciudad y tomó un taxi para estar puntual en el lugar acordado. Llegó muy a tiempo y ya, sin prisa, se sentó a esperarlo.

Los minutos le pacieron eternos antes de las cuatro. Irónicamente, las manecillas de su reloj parecían girar más lento; con sumo nerviosismo le escribió mensajes para anunciarle que ya estaba ahí.

-Amado mío, ¿ya no tardas en llegar?

-Amada mía, solo unos pasos he de dar, para llegar a aquel lugar, y así junto contigo estar.

Pero al llegar las cuatro de la tarde, los minutos transcurrieron de prisa, y él nunca llegó, dejándola plantada.

Ella al reprocharle su retardo, pasando de las cinco de la tarde, descubrió que él la había bloqueado de sus redes sociales y eso le impidió comunicarse con él. Como última opción a su celular llamó, pero no recibió contestación.

Con dolor admitió que todo se trató de una broma que el malvado le jugó. Secándose las lágrimas, entendió, que de sus sentimientos y de su amor se burló.

Ella regresó a su ciudad quedándose con las ganas de amar. Con el corazón destrozado y con el coraje hirviendo por sus venas, llegó a su casa, se quitó el vestido y lo arrugó tirándolo a la basura. Era nuevo, pero poco le importó.

Trató de olvidar aquel suceso y ya no creer más en las falsas ofertas de amor, por temor de que se tratase de otro amor fantasma.

En su red social, otra solicitud de amistad recibió, de otro hombre que la buscaba pretendiendo obtener su amor, pero sin querer saber de nadie más, esa solicitud eliminó y su cuenta desactivó.

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