Un grato saludo a esta gran familia de escritores amantes de la literatura y posts de calidad. Es común que de niños hayamos tenido una o dos criaturas en especial muy terroríficas, con la cual no queríamos toparnos. En mi caso, además de los vampiros me horrorizaba pensar que una mano peluda y maligna, sin cuerpo, en la oscuridad de la noche se montara sobre mi cama y me asfixiara. Creía que estas se escondían debajo de la misma y subían hacer travesuras cuando estábamos en el más profundo sueño. El relato de hoy toca esa temática de terror con un aderezo de erotismo, espero les guste.
Me despertó una sensación extraña en el pie, y entre dormido y despierto mirando mi cama en busca de lo que lo que había causado fue que vi la criatura. Era una mano, de un color claro por no decir blanca, en apariencia muy tersa, con uñas largas pero bien cuidadas, tenía cinco dedos y su parte posterior terminaba en una cola.
Les confieso que mi primera reacción fue de asombro, y la segunda que por lo general es al contrario, fue quedar paralizado: ¿Qué diantres era eso? La mano ya instalada sobre mi extremidad, comenzó a tocarla de diferentes formas, moviéndose realizando masajes, cosquillas, frotaciones y hasta pequeños golpecitos con sus dedos.
Todos los movimientos los hacía a un ritmo acompasado y con una destreza sobrenatural. Si su objetivo era que me relajara lo logró. Una vez terminada su función allí, se movió hasta mi muslo. Entonces comenzó a usar sus uñas y su cola para apoyarse y hundiéndose suavemente en la carne, las deslizaba de adelante hacia atrás. Para que entiendan mejor, si yo hubiese estado parado, sería de arriba hacia abajo. Lo hizo por más tiempo del que cualquiera que sintiera esa sensación podría aguantar. Los espasmos me llegaban al cerebro. Ya era suyo, sencillamente me había atrapado no quería que terminara.
Yo sentía unas cosquillas extrañas, que hacían que mis tripas se estremecieran cada vez que la mano, -o lo que fuera esa cosa- realizaba ese movimiento sobre mi muslo. Claro que me excité, y ella lo sabía, porque de allí se metió por debajo de mis shorts tomando mi miembro viril, y comenzó a tocarme suavemente con sus dedos, los cuales abría para que entre ellos quedara mi falo, como deleitándose con sus movimientos.
Mi rigidez viril era comparable al terror que generaba lo que me estaba ocurriendo, ya cuando sentía que estaba apunto de correrme, quizas mis gemidos me delataban, y como retardando la tortura, la mano se desplazó a mi boca. Allí comenzó a tocarme los labios, agarrandolos y apretandolos suavemente entre sus dedos, también lo hacía con maestría y por supuesto que generaba con ellos inmenso placer. Yo como por arte de magia o por miedo seguía sin poder mover un músculo.
Lo alternaba con un roce muy leve y continuo también sobre mis labios que hacía con sus cuatro dedos largos extendidos y unidos como en un vaivén muy sensual que me volvía loco porque me besaran; por supuesto que la mano no podía, pero me estaba leyendo los pensamientos, porque enseguida introdujo dos de sus dedos dentro de mi boca, rozando mi lengua, el paladar y mis encías en repetidas ocasiones.
Esa mano o bicho no sé, me estaba volviendo loco de placer, no lo voy a negar. En un movimiento de sube y baja se desplazaba a mi miembro haciendo la felación, y subía otra vez a proseguir lo que estaba haciendo en los labios y boca. Una lección de caricias me proporcionaba esa criatura de otro mundo. Estaba apunto de gritar pidiendo auxilio, pero más por exceso de placer que por otra cosa, no quería que se detuviera. De verdad el suceso era muy bizarro para asimilarlo, fue entonces que mis miedos de cuando era niño se cumplieron.
Me dió una cachetada y se posicionó sobre mi cuello, apretando cada vez más fuerte. Traté con mis dos manos de zafarme, pero era inútil, mientras más fuerza yo aplicaba para soltarme, de forma inversamente proporcional la mano apretaba mi cuello. La asfixia prolongada, tensó mi cuerpo al máximo, pero a la vez causó un orgasmo muy intenso, el mejor de todos los que había tenido hasta ese momento. Era como el sueño cumplido de Onán hecho por otra mano.
Casi al unísono de ocurrir el orgasmo, la mano volvió al órgano sexual. La eyaculación fue abundante, causando que la mano se bañase con el semen, parecía que lo disfrutaba embadurnando los dedos con la sustancia seminal. No pasó mucho tiempo, cuando de un impulso se volvió a colocar en mi cuello, y con una fuerza descomunal apretó hasta que sentí que algo se quebró y perdí totalmente el sentido.
El incidente no me mató, y ahora estoy en un hospital con una paraplejia incurable que no me permite levantarme y caminar por mis propios medios. Los médicos dicen que cuando mejore me llevarán a un hospital psiquiátrico, ya que piensan que mi lesión me la causé yo mismo, y por lo tanto es un peligro dejarme solo al ser un suicida en potencia. No voy a retractarme de mi versión de los hechos, la mano asesina existe, y ruego a Dios porque no aparezca en este hospital, porque extraño sus mortales caricias y volvería con gusto hacerme víctima de ellas.