Mi cuerpo está tenso, mi piel se eriza y mi estomago cae en caída libre. De repente mi torrente sanguíneo me recuerda que estoy viva. Mis fluidos comienzan hacerse visibles. Mi sistema respiratorio se agita y mi boca se hace agua. El corazón apresura sus latidos, mis manos se enfrían y sudan, me siento temblar, la adrenalina se despierta en mí.
Mis ojos no dejan de verte y desnudarte, son ellos quienes te quitan la ropa; mis dedos acarician las palmas de mis manos, deseo tocarte. No puedo. No puedo hablar, solo escucho tu voz. Percibo tu olor, ese olor que se cuela en mi oxígeno y me ahoga de ti.
Eres divina.
Muerdo mis labios discretamente para no mostrar el deseo que se escapa de mi. Mis muslos aprietan fuerte, mis nalgas igual; estoy llena de sentidos regados por mi cuerpo. No se cómo no te das cuenta de lo que esta pasando. No dejas de sonreír y hablar, intento escucharte, en mi cuerpo continúan los sentidos activados, mis pezones están erguidos, mi imaginación va hacia tu boca succionandote, mientras mis manos se enredarían en tus cabellos.
Mis uñas comienzan a doler, deseo arañarte la espalda, mientras mi lengua roza la delicada piel de tu cuello, tomar tu cintura y atraerte a mí, sentir tus senos presionar a los míos, mi boca hecha agua quiere beber de la tuya, mi lengua se inquieta. Se me escapa un suspiro. Mi imaginación me ha traicionado, me llevó a lo más profundo de mi deseo.
Puedo sentir mi humedad traspasar mi ropa. Pienso en tu humedad, en tu sabor, y de pronto siento un cosquillero en lo mas sensible de mi intimidad, está despierta, atenta a tu tacto, pero no estás, no llegas.