A lo largo de mi vida he crecido con el sentimiento y pensamiento de ayudar a los demás, de dar a aquel que no tiene, de ser buena samaritana, de ser eso que llaman "buena persona".
De pequeña veía a mi abuela haciendo labores sociales en la iglesia; ella junto con otras señoras de edad avanzada conformaban un grupo de ayuda humanitaria. Estas señoras tenían una fuerza vital impresionante; nada las detenía, como dicen en mi pueblo: “no les daba ni gripe”.
Llevaban alimento a los indigentes, los bañaban, les vestían con ropa que recolectaban en jornadas de donación y oraban por que estas personas encontraran el camino a la salvación; claro mi abuela era cristiana. Visitaban a los jóvenes con problemas de adicciones, a los presos, a las mamas prematuras; caminaban barrio tras barrio, llevando toda la ayuda que estaba en sus manos.
En varias oportunidades acompañé a mi abuela y me llenaba de la energía que estas señoras tenían, era algo de gozo.
La comida que se les daba era comida de las casa de las señoras; por semana se turnaban. Una semana cocinaba una y la siguiente semana la otra.
Recuerdo un día donde mi mamá y una de mis tías discutían con mi abuela. Pues se había levantado muy temprano para cocinarles a estas personas y de paso tomaba la comida de la casa para regalar:
-Que desperdicio de tiempo, que falta de respeto de la iglesia que las ponen en esto, ¡que abuso! ¿por qué no va el pastor y lo hace?- Y así entre tantas otras cosas mas.
La postura de mi abuela era inquebrantable, yo imagino que dentro de ella sentía molestias con mi mama y mi tía, pero ella no les respondía nada.
Lo que mi mamá y mi tía no lograban ver es que lo mismo que mi abuela hacia por esas personas, lo hacia a diario con nosotros en casa. Apuesto que ninguno lo pensó ¿eh? Y es que si analizamos todo, las cosas sucedían de esta manera:
Cada cosa que mi abuela le daba a esos seres que nosotros llamábamos "de la calle” era exactamente lo mismo que hacia por nosotros día a día.
¿Resultado? Una familia sin valor de apreciación, sin respeto alguno por los demás; ni de si mismos, personas egoístas que solo piensan en si mismas; sin ver lo que otros hacen por ellos. Atenidos a que otros resuelvan sus propias vidas. Sin aspiraciones de logro, sin sueños, sin motivos. Personas que piensan: ¿para qué me levanto hacer comida si ya tengo quien la haga por mi? Personas que se aprovechan de la buena fe y obra del otro, personas que no valoran a ese ser único que se preocupa en cada instante por ellos.
Este fue el lamentable resultado de mi abuela. Una mujer dadora de corazón, pero tanto fue su dar que se equivoco en el camino. Les explico el por qué:
Sin querer muchas veces confundimos el querer ayudar a una persona con el quitarle sus responsabilidades. Pensamos que ayudar a una persona es darle todo lo que esta necesita. Lo que dicen por ahí ponérsela fácil. Dar no significa: ¡yo lo hago por ti! Dar es: yo te ayudo pero tu debes cumplir con tus responsabilidad. La mejor forma de ayudar o dar a otros es hacerles ver que ellos al igual que nosotros tienen potencial, pueden logran estar en una mejor condición de vida. Y esto lo logramos a través de enseñar a otros. Del así como yo puedo, tu puedes. No eres mas ni menos que yo. El dar a estas personas como los indigentes, no los iba a sacar de su estado de vida, al contrario, día tras día permanecían allí, incluso se sumaban mas personas a este estado de vida. Si la acción hubiese sido otra estoy segura que muchos hubieran logrado mejorar su calidad de vida. _Sobar la espalda no es impulso para nadie
No le des el pescado, enseñale a pescar.
¿Cuántas veces ayudamos o damos solo para que sientan que los amamos? Esta acción es la mas común; pensamos de manera inconsciente: “si yo le hago la arepa, el/ella sabrá que le amo” “si yo le doy el dinero, el/ella sentirá que le amo” “si yo lavo su ropa, el/ella sentirá que le amo” “si yo lo hago por el/ella sabrá que le amo” ERROR. Sabrá que le amas cuando lo lleves a desarrollarse como mejor persona, cuando le enseñas el camino al éxito, cuando lo fortaleces como ser humano y creas valores sostenibles en su vida, ahí sabrá que le amas. No eres malo por crear hábitos de disciplina y responsabilidades en la vida. Esto es una creencia.
El amor no tiene precio, no intentes comprarlo.
Mi abuela nació en una época donde no existían conocimientos de psicología humana. Simplemente se copio un patrón de aprendizaje. Ella en su infinito amor quizo hacer lo mejor y para mi hizo lo mejor que pudo mediante sus herramientas y creencias. Hoy puedo decir: “Gracias abuela por mostrarme los errores y así yo hoy poder hacerlo diferente”
Con esto quiero dejar mi mensaje; si, hay que ayudar a nuestros semejantes, pero con responsabilidad y dejando en ellos un valor que los lleve a desarrollarse como mejores seres humanos. Tener claro que el amor no significa -yo te doy todo-. Amar es impulsar al crecimiento, amar es enseñar, es crear valor.
Da desde tu amor consciente.
Desde mi amor para ti, un gran abrazo, nos leemos pronto my friends.