Una anécdota musical reciente.
Un saludo a mi inolvidable comunidad cervantina que cada día añoro con tanto cariño y afecto.
Hoy he querido traer una experiencia un tanto simpática y traviesa que me ocurrió esta mañana cuando fui al centro de mi ciudad San Juan de los Morros d-el estado Guárico.
Resulta, pues, que me monté en una buseta para retornar a mi casa de la urbanización Pariapán, y el chófer que fue mi alumno y es mi amigo, traía unas canciones de vallenato a todo volumen y con la característica bulla que posee este género.
El conductor, que -repito- fue mi alumno, me preguntó:
-¿Qué tal la música, profe? ¿Le gusta?
Yo, más que todo por cortesía, le contesté:
-Claro que sí,muchacho. Está demasiado buena.
Y él, muy emocionado, agregó:
-Y eso no es nada, mi profe querido. Ya le voy a poner algo mucho mejor.
¡¡¡Santo Dios! El muchacho puso un reguetón que casi me vuelve loco, y me salvó que faltaban muy pocos minutos para llegar a mi casita.
Me bajé aturdido, pero no dejé de brindarle una sonrisa al bajarme. Mi felicidad fue grande al no poder seguir escuchando aquel escándalo.