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La tarde tiene un aire suave y puro
que me envuelve en extático embeleso,
y cuando marcho a ti con mi regreso
miro un nubarrón de reflejo oscuro.
En mi esperanza la duda yo apuro
porque no sé si me darás un beso
o si, al contrario, signifique un peso,
o para tu presencia un acto duro.
Sigo avanzando en medio de esa duda
viva, latente, resitente y cruda
abordando la luz de mi snedero.
No sé cómo tú habrás de recibirme,
pero voy hacia ti con paso firme
y si retorno a ti es porque te quiero.
(Soneto endecasílabo).