He fracasado.
Cuando hago un análisis y balance de todos los actos y acciones realizadas durante el año que está a punto de terminar, de una vez me doy cuenta de que he fracasado (aunque esta palabra, según algunos seguidores de la psicología, sociología y pedagogía, dicen que no existe), pero para mí, que soy un simple poblador de Venezuela, me anoto.
He fracasado porque sigo viviendo en un país trágico, por el que he luchado, pero es tan poca e insignificante mi fuerza o mi incidencia, que no he podido moverlo ni un milímetro hacia adelante.
Miro hacia atrás y comparo el pasado con el presente, y se desgarra la piel del alma, los huesos crujen de dolor inmisericorde, y el corazón duele como una punzada mala y sin analgésico.
Es como para ponerse las manos y tratar de levantar el estómago desde la parte baja, y lo peor es que así de esa manera, están casi todos mis paisanos. Algunos logran caminar, y pese al dolor, y con la traición en el signo, dan vivas al gobierno.
Esto es el colmo de todo.
He fracasado porque no hago la vida libre que tuve desde mi infancia, en mi pueblo natal Las Mercedes del Llano, en 1954, hasta más o menos 2003, cuando quedaban aún destellos de progreso y felicidad.
¿Quién puede ser feliz ante una realidad tan tan cruel? Solo el demonio que tiene cada enchufado, solo ese demonio se satisface adquiriendo la figura de cada uno de ellos.
Es tiempo navideño, y para seguirle pidiendo a Dios que nos libere de estos tentáculos que nos ahorcan y ahogan cada día. De repente nos aflojan para que tomemos un poco de aire, y reanudan su presión criminal.
Lo que no debemos perder es la fe en Dios.