Dejar de ser poeta.
Como a ti no te gustan los poemas,
pero me agradas tanto, amor querido,
el propio sacrificio he decidido
y dar a varias letras ígneas quemas.
Sé que debo es hablarte de otros temas
que dejen a tu pecho complacido
y olvidarme de que siempre he vivido
batiendo en escrituras otras cremas.
Traicionaré a la métrica y la rima
y aunque los versos me caigan encima
tranquila ha de quedar la poesía.
Mucho no he de durar sobre ese piso,
y como tampoco es un compromiso
¡dejo de ser poeta por un día!