Cada mañana descubro.
Al ver cada amanecer
mientras silente elucubro,
en ti, mi vida, descubro
la luz del resplandecer.
¡Cuánto me da por querer
tener siempre tu mirada
al arribar la alborada
con su blancor de placer!
Empiezo por comprender
que es Dios que en la vida brilla,
y en la emisión amarilla
hace todo lindo ver.
Es hermoso acontecer
contemplar en tus pupilas
las vertientes más tranquilas
que me hacen dichoso ser.
Por eso, al amanecer
mientras silente elucubro,
en ti, mi vida, descubro
la luz del resplandecer.