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Así es el propio amor.
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El propio amor es aquel
que a pesar de la distancia,
tiene pensamiento fiel
y conserva su fragancia.
El propio amor está atento
en la calle y en la casa
a ver lo que en el momento
a su bello amor le pasa.
En entusiasmo mayor
pide a Dios cada mañana
que cuide mucho ese amor
con atención soberana.
El propio amor no es mezquino
porque no tiene arrogancia,
y le despeja el camino
con la mayor elegancia.
El propio amor es aquel
que siempre pendiente se halla
y le da instantes de miel
a dondequiera que vaya.
¡Qué bonito es el querer
cuando con fuerzas se ama
pues siempre se ve encender
su imperecedera llama!
Por eso es que el propio amor
brinda la máxima calma
para que brille el fulgor
eternamente en el alma.
Y de esa forma está claro
que aunque se haga lo que se haga,
el propio amor es un faro
que nunca, jamás se apaga