Cartas al Amor

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Amada mía:

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Hoy mientras el alba tocó mi rostro recordé que ya tenemos diez (10) años juntos, desde que decidimos sembrar nuestro primer jardín. Y hoy, lo recordé con mucha más fuerza, pues me quedé pensando después de nuestra conversación en Facebook, cuando sin siquiera decírmelo, te sentí triste ¡Nostálgica por estar lejos! No podía abrazarte con esa ternura de dos pajaritos que se acurrucan en el árbol.

Esta mañana comencé a sentir más que nunca que, nuestro hogar delata tú ausencia. Te imagino cada mañana acariciando mi mejilla -diciéndome- ¡ya amaneció! Y yo, soñoliento me levanto hacerte el café que tanto te gusta, sonríes y -dices- ¡te amo! ¡ya es hora de levantar a Luisito!

Los días no son los mismos sin la sonrisa que esparcías en nosotros con cada gesto de locura que le ponías a nuestras mañanas, mientras hacías arepas con forma de caritas o animalitos para que los tres nos las comiéramos felices y hacer de esos encuentros matutinos, un momento único y la aventura mágica de este trio familiar.

Intento darle a nuestro hijo la esencia de tu sonrisa, pero a veces las arepas se me queman en el budare y él se ríe. Por eso, Luisito me regañó hace un par de días, diciéndome -papá, mami cuando las hace va contando una historia al ritmo de sus manos, debes aprender a mover las caderas, o las arepas no nacerán felices. Lo miré, lo abracé fuerte y le pedí, disculpas. El carricito sólo me dijo ¡Papá no respiro! se sonrió y concluyó diciendo ¡Papá haces lo mejor que puedes! ¡Tranquilo que ya mejorarás! ¡Igual mami y yo te amamos! Fue inevitable no llorar ese día cuando lo dejé en el colegio.

Me sequé las lágrimas y busqué nuestras fotos, necesitaba acariciar la imagen de tu rostro y tu cuerpo unido al mío ¡a nosotros! Rememorar cada instante que hemos vivido juntos, latiendo a un mismo ritmo, tejiendo nuestro propio universo.

Así llegó a mí, la foto de nuestro primer encuentro. Esa primera vez, en que nuestros caminos se entrelazaron aquella tarde de abril, gracias a nuestro amigo en común, Robert. Él sin saberlo, había unido cielo y mar, haciéndonos un mismo horizonte.

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Recuerdo que llevabas un vestido de flores de tonos verdes y rojos, que definían a la perfección tus caderas, delineaban tus piernas e iluminaban tu rostro. Me preguntaba ¿será real o solo la fantasía de este hombre solitario? Tu sola presencia me produjo ternura y un calor inevitable que se delató en el color rojizo de mis orejas. Tú, me miraste, sonreíste y acariciaste mi mejilla. Y así ese gesto de ímpetu, me sedujo, y me sentí alegre, porque yo, no te era indiferente.

Aceptaste de inmediato que nuestros espíritus se habían comunicado en la picardía y en la complicidad de dos amantes que sólo deseaban componer su soneto de amor. Desde ese momento, te confieso, amada mía, mis días y mis noches sólo soñaban con tenerte a mi lado.

Con el tiempo fuimos teniendo altibajos y discutimos varias veces. Los dos siempre hemos tenido un carácter voluble. Tú eres agua y yo soy aire. A pesar de eso, y de las tormentas que causamos, dibujamos innumerables arcoíris en nuestras agitadas vidas.

Paso a paso fuimos cultivando nuestro jardín, mirándonos como un uno y como un otro que se respetaban en la diferencia

El día en que te despedimos en el aeropuerto internacional de Maiquetía (Caracas), nuestros corazones tuvieron que separarse. Luisito y yo, te mirábamos desde la vitrina mientras arribabas tu vuelo. ese día entendí, que no sólo la muerte te separa de un ser amado. Hay otras despedidas que son tan dolorosas como la muerte, y te hacen recordar que la ausencia es ¡jodida! Ese día nuestro hijo lloró tanto, que cayó profundo de sueño.

Hoy me pregunto ¿este esfuerzo de estar tan lejos de ti, de nosotros, valdrá la pena? Observo a mi alrededor, y aunque te extraño inmensamente, sé que esta decisión fue por nuestro hijo ¡Él está alimentándose como debe ser! Su bienestar siempre fue nuestra prioridad y felicidad.

Él nació de este amor que nos tenemos y hemos construido juntos. Él es nuestro ahora, el presente de nuestras luchas y su rostro nos guía. Gracias a él, permanecemos unidos y fuertes ¡Sabemos que volveremos a nuestros días con olor a ti!


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Aquí te soñamos:


¡El amor de estos dos locos que te aman!

Nota: esta carta está dedicada a todas las mamás y a mis amigas que han tenido que partir a tierras lejanas para poder darles sustentos a sus hijas e hijos y a aquellos papás que también los cuidan en su ausencia.

Los textos e imágenes fotográficas son de mi autoría (Maryori Cabrita lamorrocoya@lamorrocoya)
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