Francisco, hacía poco que se había mudado a su nuevo apartamento. Era en un lugar que tenía un poco de mala pinta, pero necesitaba si o si más tranquilidad, ya que en su departamento anterior vivía con algunos compañeros de trabajo.
Cuando pidió el lugar, pidió exclusivamente tener vecinos silenciosos en lo posible y que no sean problemáticos, así que en la recepción le dieron el mejor trato y así fue como pudo quedarse con el apartamento.
La primera noche fue muy tranquila, más allá de los típicos ruidos de afuera, nada era más satisfactorio que poder reposar la cabeza en la almohada y dormir plácidamente.
Pero a cabo de una semana empezó molestarse un poco, ya que decía que algunas noches escuchaba en su techo como el niño de la familia del apartamento de arriba empezaba a corretear a eso de la 2 AM. Haciendo ese ruido molesto, al escuchar los pies comprar una y otra vez bruscamente en cada paso que daba el pequeño.
También recuerda que en el apartamento de al lado, en horas de la madrugada, algunas noches un bebé lloraba y a veces era tan fuerte que él no lograba conciliar el sueño. Fran estaba arto de toda esta situación, pero intentaba no darle mayor atención.
Una tarde-noche iba caminando por el pasillo muy agotado, cuando ve que un bebé (era realmente un bebé) estaba frente a su puerta observando, esto realmente llamó su atención ya que pensó que alguien lo había dejado ahí, cuando de repente una niña toma al bebé y se lo lleva.
Esa noche Fran estaba profundamente dormido, ya que no había escuchado ruido de los vecinos, y logró dormirse temprano. Siendo las 4 AM, Fran despierta porque a su cuerpo le urgía ir a beber agua, así que se dirige a la cocina y calmar su sed. De golpe escucha un fuerte llanto del lado de afuera de la puerta, rápidamente sale a ver si habían dejado nuevamente al bebé, pero no había nada.
Al día siguiente se dirige a la recepción para quejarse por los ruidos, ya que había soportado bastante a sus vecino. Imaginarán la cara de Fran al enterarse por medio del personal que nadie estaba viviendo en los apartamentos que estaban junto a él, y mucho menos familia con algún niño.
Muy temeroso, Fran pasa una noche más en su apartamento con miedo a escuchar otra vez a ese bebé, hasta que logra dormirse. Al despertar nuevamente a las 4 AM, escucha al mismo bebé llorar, pero esta vez los llantos venían de los pies de su cama. Fran da un fuerte brinco y sale corriendo del apartamento con la poca ropa que llevaba, y no vuelve a mirar atrás.
Nunca más regreso a aquel lugar, porque sabía que ese bebé no tenía buenas intenciones.