¿Quién no ha vivido con un malhumorado en la vida?
Por supuesto, a todos nos puede pasar que alguna vez estemos de malhumor. La falta de dinero, los problemas domésticos, la falta de luz, agua e internet, el tráfico o las colas para hacer algún trámite o comprar algo no ayudan a mantener el buen humor a nadie. Sin embargo, de una manera o de otra, la mayoría de las personas consiguen superar todo eso. El que “es” malhumorado, no.
Esta forma de ser puede tener o no motivos que la generan. Si los hubiera, lo mejor es intentar descubrirlos para modificar las consecuencias que puede provocar en las relaciones interpersonales y en el propio desarrollo.
Todos podemos tener nuestros momentos de malhumor que se consideran totalmente normales, siempre y cuando no sea una conducta habitual. Si el malhumor se instala en forma permanente en nuestra actitud y comienza a ser algo más que circunstancial, deberíamos conocer las causas y hacer algo al respecto.
Muchas veces no tienen mayores motivos para su estado de ánimo.
Les molesta la compañía pero, por otro lado, se quejan de que están solos, se aburren pero no tienen ninguna iniciativa. Viven contando sus problemas pero son incapaces de escuchar a los demás.
Son personas eternamente disconformes, intolerantes e individualistas que no pueden ser felices de ninguna manera. Por lo general, a través de su mal humor canalizan sus energías negativas provocadas por sus desequilibrios emocionales y lo han convertido en un hábito.
Son muy difíciles de tratar porque creen tener siempre la razón. Poseen una visión pesimista del mundo.
Muchas veces el malhumor crónico señala un trastorno de la personalidad que se conoce en psiquiatría como "distimia", esta es una forma leve de depresión. Los síntomas son una personalidad con cierta tendencia depresiva; se agrava si la persona vive situaciones que por alguna razón no puede resolver. El tratamiento convencional en estos casos, combina psicoterapia con antidepresivos. También en las terapias alternativas hay muchos recursos para acompañar y complementar la terapia tradicional.
Nadie percibe que por detrás de la ansiedad, escepticismo y tremenda autocritica, vive un corazón atormentado. En esos casos puede ser positivo un momento de perdida de control para que el problema aflore y se encamine hacia una solución terapéutica. Y si tenemos en cuenta que la depresión esta asociada a sentimientos de frustración y perdida afectiva o material, ademas de la dificultad de lidiar con el sufrimiento, lo ideal es incentivar a esa persona a buscar salidas que fortalezcan a su yo y rescaten su verdadera personalidad, amenazada por la fragilidad y por la baja autoestima. En el fondo su malhumor esconde una enorme decepción en relación a sí misma y a la vida.
¿Ver el vaso medio vació o medio lleno?
Todos atravesamos por problemas que nos producen sufrimientos. La cuestión no es solo resolverlos sino conocerlos y aprender a vivir con ellos de la mejor manera posible. En ocasión llamamos problemas a ciertos desafíos que la vida nos impone y que no son más que oportunidades para evolucionar y no quedarnos estancados; otras veces llamamos problemas a situaciones comunes de la vida dándoles una connotación trágica que no se merecerían si aceptáramos que son inevitables.
Técnicas para terminar con el malhumor
Muévete al aire libre, encuentra inspiración y paz en la naturaleza.
Habla y escucha, es necesario expresarse, pero también saber escuchar.
Ayuda a los demás, de paso te ayudaras a ti mismo.
Toma conciencia, de tus acciones y palabras.
Respira, disfruta del aroma de una linda flor, una deliciosa comida o una agradable esencia.
Sube el volumen a la música, disfruta tu canción favorita y mueve el cuerpo al compás de ella.
Duerme lo suficiente, tu cuerpo y mente lo necesitan.
Ríe, hasta de las cosas mas sencillas y tontas.
Ve a terapia, si de verdad lo crees necesario.
Acurrucate con alguien, dile cuanto lo quieres.
Viaja, aunque sea un par de días para airear tu mente y ver nuevos paisajes.