Pensar que algún día te veré, me cautiva en un mar de sentimientos, entender que eres fruto prohibido, a mí ser llena de miedos.
Solo queda esperar a que sea el tiempo mi mejor consejero.
Soñar contigo hasta que ese día llegue, será mi mejor pasatiempo y cuando eso ocurra aunque no te haya visto nunca, sabré donde tienes cada lunar, de tanto imaginarte conoceré cada parte de tu cuerpo.
Tus besos harán que crea que estoy soñando, pero en realidad estaremos enredados como uno solo y seremos los dos, los únicos testigos de ese inolvidable encuentro.
Hazme tuya, es mi sueño, quiero que seas mi dueño, como dueño es el mar de la arena, como dueñas son las aves del viento.
Hazme tuya, como si fuera nuestro último encuentro.
Que seamos uno solo, que nos convirtamos en fuego, que no nos importe nada, solo amarnos hasta que la noche se vaya, hasta que el amanecer nos despierte de nuevo.
Pero despierto a la realidad y le ruego a mi memoria que te olvide.
Cierro los ojos para no verte reflejado, en cada persona que por la calle me sonríe.
Me muerdo los labios para no gritar tu nombre porque de seguro en un eco, me lo devolverá el aire.
Me encierro en la soledad de los sueños esos, que hubiesen sido grandes, de no haber sido porque nunca has estado presente a mi lado.
Pero así es el amor, impredecible, entra en tu vida, se instala, te hace por un rato feliz, y casi siempre se va sin despedirse.