Hola amigos revisando entre mis cosas me encontré con estas fotografías que tomé la segunda vez que fui a Amazonas invitada por una muy querida amiga y fue a partir de este viaje que realmente aprendí a apreciar la belleza de este Estado pues ya en otra ocasión había estado allí pero la experiencia no fue muy grata y me fui picada de mosquitos, malhumorada y decepcionada. No tenía planes regresar allí de nuevo pero siento como si Amazonas me hubiese pedido una nueva oportunidad y hoy puedo decir que valió la pena el reencuentro pues este sería el inicio de una conexión mágica entre esta hermosa tierra y yo.
Todo comienza con la búsqueda de un poco de paz pues, después de pasar un día ajetreado por las calles por las calles de Puerto Ayacucho, teníamos derecho a un merecido descanso y que mejor forma de cerrar el día que ir a cenar a orillas del Orinoco y disfrutar la vista de un hermoso atardecer. Y así lo hicimos.
Dejamos la ciudad y nos dirigimos por la vía de Samariapo, luego tomamos un sendero que nos llevaría a nuestro encuentro con el Orinoco. El camino era bastante irregular y esa tarde había llovido así que, entre el vaivén de atravesar los pozos que se habían formado por el agua de lluvia para luego subir a las enormes rocas, por fin llegamos a nuestro destino.
Exploramos un poco el lugar y nos encontramos con dos campamentos. El primero se encuentra abandonado.
El segundo es un hermoso campamento ubicado a orillas del Orinoco que lleva por nombre Orinoquia y su diseño semeja a las churuatas indígenas.
Seguimos caminando y bajamos por las piedras que quedan al descubierto cuando en verano el Orinoco se retira.
Cae la tarde y allí sentadas sobre una roca nos encontrábamos disfrutando del placer del silencio, respirando la paz reinante y ante nosotras un hermoso atardecer cuyos brillantes colores se reflejaban sobre las aguas.
Fotografías de @karinac
Mi amiga
Hasta la próxima amigos!