Son pocas horas de descanso las que disfruto este verano y cada segundo hay que aprovecharlo para despejar la mente de los problemas que todos tenemos, las nueve de la noche pasadas y el sol ya se oculta en casi el final de una jornada laboral muy larga, abajo me aguarda la piscina de la urbanización que también descansa de un intenso día, parece que ambos necesitábamos este momento, momentos inolvidables a unos metros de casa e imágenes preciosas antes de abandonar el aeropuerto.
Los grados que nos acompañan durante los meses de junio, julio y agosto requieren elegir las horas en las que te expones de forma directa al sol, yo como piel blanca que se precia busco los atardeceres para refrescarme justo antes de salir a cenar algo o de disfrutar de un rato de música o de cine.
Para terminar nada como caminar junto al puerto deportivo y soñar con navegar en uno de esos preciosos barcos, la noche está en calma y no llegaría muy lejos a vela pero sin duda la luna nos iluminaría el camino, son imágenes de un final de día muy tranquilo que comenzó con una jornada laboral muy larga y pesada, momentos necesarios para no perder la calma de costumbre.
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