En el desierto de todos mis desconciertos te encuentro, erguida,distante y dolorosa, tu cabello es una transición de la tierra al cielo,
Tus labios sellados de desventuras se pasean a ciegas por el filo de mis angustias, deseos que vierto sobre tu ardiente tez,
Más adelante tu piel será mi piel también,
Adarga impoluta de mi profundo amor;
No hay día en que no llegues puntual a mis pensamientos, desnuda y herida abatida por el tiempo que nos arrojó en una insulsa distancia,
Distancia que huele al ocre olor a sexo de la cama que gozamos una y otra vez sin final,
Nada hay eterno en nuestro dominio, el olvido está lleno de memorias y aunque ya es tarde, más nunca seré tu amigo.
Y ya no aguanto más el maldito sufrimiento de querernos con desgana, como si jamás fuésemos a morirnos;
No quiero ser tu amigo al menos no en ésta vida, ni en aquella, ni en ninguna,
Porque volveré a destruir el ayuno de entregarnos, de digerirnos, de machacarnos y enervarnos;
dejarte sumisa para siempre en mí,
Ir por ésta vida de vaivenes sonriendo o llorando pero juntos, desgastándonos sin secretos, beso a beso;
Que nos observen sin mirarnos, sin predecirnos, ni descifrar nuestro vuelo eterno lejos de los muertos de nuestra felicidad...
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