En ocasiones, tiendo a pensar que los reflejos vienen a ser algo así como una especie de sosias, que nos observa atentamente desde el otro lado del umbral, para recordarnos la facilidad con la que los parásitos pueden beneficiarse de las cualidades de su huésped o anfitrión.
Esta cruda realidad, ya la trató sabiamente Plauto hace milenios, cuando creó unos personajes, Anfitrión y Sosias, que posteriormente otros dramaturgos, como el archiconocido Moliére, sacaron a relucir en entretenidas obras de teatro.
Y por increíble que parezca, es en Internet, donde actualmente se representa esta desgraciada parodia de la mediocridad, pues como bien decía el Maestro Machado, la envida de la virtud hizo a Caín criminal.
Claro, que quizás sirva como disculpa –aunque no sería moral, desde luego, para todos aquéllos que no la tienen- la supuesta calidad del famoso plato de lentejas, daños colaterales o el fin que justifica los medios o pelillos a la mar.
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