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Si el hombre está siempre condenado a cargar con esa espada de Damocles que se llama conciencia, las iglesias nunca deberían de dejar de ser ese santuario donde hasta incluso la más miserable de las personas, encontrara una tregua. Lejos de pensar en maldiciones, de alguna manera tu relato me ha recordado ciertos elementos, que quizás basados en la figura de Asmodeo, el demonio guardián del Templo de Salomón, se reproducían en los dinteles de entrada a la gran mayoría de templos medievales, como leones y monstruos de fiero aspecto, para recordar precisamente eso a los fieles: que aquél lugar era sagrado y que las malas sombras había que dejarlas en el exterior cada vez que se penetrara en él. Abrazos
RE: Sombras sin sosiego (Relato corto)