Jamás podría haberme encontrado con una sorpresa tan grata en una mañana de sábado que, para variar, está resultando inaceptablemente aburrida. Observo, mi pana, que vas conociéndome y no te falta razón en lo que dices: éste peregrino hace tiempo que sueña con retornar a esos caminos, que son la verdadera escuela, donde uno no se cansa jamás de dejarse llevar por su magia y su sabiduría. De hecho, como sabes, estoy esperando a que levanten las prohibiciones (cosa harto complicada, porque Gobierno y Comunidad utilizan la pandemia de manera política, para ponerse mutuamente la zancadilla, mientras los ciudadanos asistimos a esta vergonzosa representación) para llevar a cabo ese viaje que tenía previsto y tuve que suspender, que tiene con destino mi amado Norte. Pero también procuro sacarle el lado positivo y me aplico a mí mismo parte de esa grandiosa sabiduría contenida en un libro que todo el mundo debería ojear alguna vez: el Eclesiastés. Y siguiendo los consejos de dicho libro, sé positivamente que hay un tiempo para echar a volar y otro tiempo para echar raíces; un tiempo para amar y un tiempo para olvidar; un tiempo para echar a andar y otro tiempo para descansar y meditar en lo aprendido. De momento y mientras llega ese tiempo de volver a volar, me consuelo vagamundeando por mi ciudad, intentando sacar todo lo bello que las circunstancias en que vivimos permiten. Y sobre todo, disfrutando, en la medida de lo posible, de los amigos. Donde, por méritos propios, mi pana, tú también tienes un lugar especial. Muchas gracias por tan grata e inmerecida sorpresa y un fuerte abrazo desde una ciudad, Madrid, que no merece la suciedad política que la está machacando.
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RE: Fotógrafo